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Con motivo de la investidura del nuevo presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, coincidieron en Quito el canciller boliviano Rogelio Mayta y su par chileno Andrés Allamand, y se reunieron en uno de esos encuentros no casuales que las oficinas de sus respectivos despachos suelen preparar con anticipación, como tiene que ser.

En la reunión, los representantes de los dos Estados, que mantienen enfriadas sus relaciones desde el fallo de La Haya el 1 de octubre de 2018, por el que Bolivia perdió en su demanda para forzar a Chile a negociar una salida soberana sobre el océano Pacífico, reafirmaron los avances en el proceso de normalización de las relaciones bilaterales sobre la base de una “hoja de ruta” acordada el 7 de mayo en La Paz.

El canciller Allamand resumió el encuentro en la certeza de que a través del diálogo ambos países pueden construir confianzas y un futuro benéfico para Chile y Bolivia. Similar mensaje tuiteó Rogelio Mayta: “Ambos coincidimos en que el diálogo constructivo es el instrumento idóneo para el fortalecimiento de los vínculos bilaterales acordados en la hoja de ruta 2021”.

La citada “hoja de ruta” de ambos países se refiere a los temas fronteras e integración, complementación económica, libre tránsito, cooperación, contrabando, cooperación policial, turismo, lucha antidroga y medioambiente, entre otros, pero excluyen completamente la cuestión marítima y el pleito judicial por las aguas del Silala.

Es decir, después de la virtual ruptura del diálogo bilateral el 13 de junio de 2013 cuando Bolivia demandó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, el país se vuelve a involucrar en un nuevo proceso de construcción de confianza, que ya fue intentado entre 2006 y 2009 de manera intensa pero infructuosa.

La hoja de ruta del 2021 viene a reemplazar la denominada Agenda de los 13 puntos que entre 2006 y 2010 mantuvo contactados a los ministerios de Relaciones Exteriores de Bolivia y Chile, con la gran diferencia de que en aquella ocasión se incluía el tema marítimo boliviano.

El 1 de octubre de 2018 la Corte de La Haya falló por 12 votos contra tres, desestimó uno a uno los once argumentos bolivianos y dictó una sentencia inapelable, obligatoria e inmediata señalando que la Corte no puede concluir que Chile tenga obligación de negociar el pleno acceso soberano de Bolivia al Pacífico. Ese día Bolivia sufrió su peor derrota en toda la historia de sus intentos por reivindicar ante Chile su condición de país con acceso al mar. Nunca antes el país había perdido todos los argumentos para continuar con esa batalla diplomática internacional.

Ahora toca volver a comenzar de cero la construcción de una nueva relación con Chile, pero, como ya se ha visto en la “hoja de ruta 2021”, sin mencionar siquiera la palabra “mar”. Como fuera, se trata de un proceso necesario y positivo para el país porque no se puede vivir de espaldas a la realidad que finalmente es como es, y en ocasiones es la que uno buscó –y encontró–, como en este caso.

Por cierto, resultó muy llamativa una fotografía que llegó de Quito, que muestra el arribo del canciller boliviano al aeropuerto: sobre la alfombra roja de los invitados especiales, el ministro boliviano aparece flanqueado por dos hombres ecuatorianos elegantemente vestidos y él va al medio con una chamarra beige, de costuras horizontales, de esas que abundan en temporada de invierno, por dentro llevaba una chompa, sin corbata, y en la mano izquierda cargaba una “bolsita” plástica color naranja y blanca, de esas que suelen entregarse en los dutty free de los aeropuertos internacionales. Así aparecía en la foto el primer hombre de la diplomacia boliviana a su arribo a Quito.

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