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Relación desde el amor y no desde el dolor

Viernes, 30 de mayo de 2025 a las 00:00

Por Redacción

Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion

Estimado lector hoy vamos a hablar de nuestra relación con Dios. La vida cristiana en muchos contextos se ha convertido en una experiencia desde el miedo. Hay quienes se acercan a Dios, desde el dolor y desde la culpa. El encuentro con Dios, no puede ser desde las enseñanzas de miedo que desafortunadamente alguien nos enseñó. 


Una vez me encontraba con una mujer que pertenecía a un grupo de oración, donde los motivaban a rezar a las dos de la madrugada, con el sentido que debían acompañar a esa hora a Jesús en el Getsemaní. No descansaba, no dormía lo suficiente, su vida y su experiencia de fe, parecía era una carga, que no la dejaba descansar. Los directores de su grupo le hablaban de la penitencia. Esa no era una relación con Dios, como Jesús se nos acerca, desde el amor, sino una relación desde el miedo. 


El seguimiento a Jesús no puede ser una carga de ninguna manera. Jesús vino a liberarnos: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para predicar buenas noticias a los pobres, me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos; y para anunciar el año de la gracia del Señor.". Lucas 4, 18-19. Jesús nos libera. La experiencia de Jesús es liberación. Todo lo que sea opresión no es de Dios. 


Caminar en la fe y el seguimiento a Jesús no puede confundirse con cumplimiento de ritos desde el miedo. Jesús nos propone un camino más exigente, el camino del amor. Porque el amor es la ley más difícil y más maravillosa. El amor, realmente nos hace libres. No nos deja quedarnos sometidos a vicios, ni esclavitudes. Entre más amor hay en nuestra vida, más respeto, más comprensión y más perdón. 


Aprender a soltar todo lo que nos hace mal, es también aprender a preguntarnos bien sobre lo que nos conviene. Por ejemplo: uno no puede cuestionarse para decidir sobre algo bueno o sobre algo malo. Uno debe decidir sobre algo bueno o algo mejor. La experiencia de Dios, no nos permite dar opción a las tinieblas, porque la luz de Dios iluminó el mundo con su nacimiento. Juan 1, 9-13. 


En mi vida como misionero encuentro personas en parroquias con una espiritualidad y una vida llena de amor y de alegría. Y también encuentro gente con muchos años de servicio con unas experiencias poco fraternas, preocupadas de cuidar su puesto en un lugar y tal vez con buena intención. Pero el seguimiento a Jesús, no es para lucir títulos, ni puestos, ni para creer ser dueños de la experiencia de fe de nadie. Seguir a Jesús, nos hace vivir procesos internos y externos de cambio, de conversión, de abrir la mirada al Espíritu Santo. Es decir, que una persona puede despistarse en el servicio de la iglesia, y pensarse como funcionario. Pero la espiritualidad cristiana orienta a no sentirse funcionario en una iglesia, sino hijo de Dios, seguidor del maestro que lava los pies, que parte el pan, que sale de misión.


Y creo que hemos llegado a entender, que no se trata de sentirse funcionario, sino hijo de Dios. Ya no los llamo siervos sino amigos nos dice Jesús. Juan 15, 15. La relación con Dios es maravillosa, cuando alguien empieza a tener oración, a encontrarse con Dios, se da cuenta, de tantas cosas en su vida de las cuales no hacía conciencia y es allí donde las personas podemos descubrir el cariño de Dios. Y eso nos hace desear, servir, desde ese camino de encuentro con Jesús. Porque es esa hermosa experiencia de amor y de alegría con Dios la que nos mueve a proclamar su alegría. 


Que nada de lo que vivas te esclavice, ni siquiera una función litúrgica. Todo tiene que generar libertad y ganas de amar. Y por eso quiero terminar con un texto bíblico: Si hablo las lenguas de los hombres, y aun las de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena. Y si tengo el don de profecía, y entiendo los designios secretos de Dios, y sé todas las cosas; y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada 1 Corintios 13:1.


Nuestra experiencia de fe, de relación con Dios, es un seguimiento a Jesús que nos reta a vivir el amor. Todos podemos construir un mundo donde podamos lavarnos los pies, hacernos el bien y vivir desde la fraternidad. Me despido con cercanía cruceña: comamos churrasco y seamos felices. 
 

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