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Relaciones de respeto mutuo con el mundo

Editorial El Deber 19/12/2019 03:00

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El presidente de EEUU, Donald Trump, sorprendió el martes con un tuit en el que expresó un espaldarazo a la presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez y su compromiso de completar una transición democrática. Ese guiño llega después de la primera señal enviada por el Gobierno nacional, al posesionar a Óscar Serrate como embajador de Bolivia en EEUU, cuya misión declarada es tender puentes entre ambas naciones. Hasta aquí, los pasos dados son adecuados y precisos.

Tener vínculos diplomáticos con todos es importante, pero tenerlo con los países más poderosos es fundamental debido a la influencia que ejercen a nivel geopolítico. Estas relaciones deben plantearse en el marco de los intereses de Bolivia, como una política de Estado y no en función de los intereses ideológicos de un gobierno determinado. Es decir, no se trata de subordinarse a ningún poder internacional ni tampoco vivir peleando eternamente con el que no se encuentra afinidad ideológica, como se hizo durante los últimos 14 años.

Hay que recordar que la industria de textiles de Bolivia tuvo mercados abiertos en EEUU, mediante la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de la Droga (Atpda por sus siglas en inglés), que fue suspendido por Evo Morales, afectando a pequeñas y medianas empresas con esa decisión.

Obviamente, a EEUU, como a muchos otros países en el mundo, les interesa que Bolivia luche efectivamente contra el narcotráfico, ya que en nuestro territorio se produce un buen porcentaje de la cocaína que se comercializa en otras naciones. Y es que cuando hay un relacionamiento diplomático normal, se debe entender que las partes llegan a acuerdos de beneficio mutuo.

Lo que hay que plantear es que una reposición de embajadores y un vínculo diplomático normalizado debe pasar por una relación de respeto mutuo, que contribuya al engrandecimiento de los países. Ese debe ser un objetivo trazado con fuego, no solo con Estados Unidos, sino también con China, Cuba, Venezuela, Rusia y todos los demás.

Ya se sabe cómo atacó el ex presidente Morales a Estados Unidos, hasta el punto de expulsar a su embajador y denostarlo en foros internacionales. En cambio, tejió lazos con naciones e ingresó en acuerdos comerciales y con alianzas como ALBA y Unasur, donde Bolivia no obtuvo nada que no fuera el fortalecimiento de una corriente ideológica internacional, ajena a los intereses bolivianos.

En este nuevo ciclo, es fundamental recuperar la carrera diplomática para quienes representan al país; solo de esta manera se puede lograr coherencia de acciones, independientemente de los gobiernos de turno. La apertura de mercados, la coordinación de tareas regionales y la protección de los bolivianos emigrantes deben ser objetivos claros, ya que los frutos podrán hacer que el nuestro no sea visto como un país pendular sino absolutamente congruente y respetable.

Hay que saludar que se extirpe la ideología de las relaciones con el mundo. Esta fórmula no dejó grandes beneficios a Bolivia; al contrario, entregó millonarios contratos a países de pensamiento afín, incluso sin licitación, por lo que no se puede hablar de que las relaciones teñidas de pensamiento político hubieran estado inmunes al afán de otorgar demasiadas ventajas a potencias extranjeras de ‘presidentes amigos’.

Tampoco se puede mirar el futuro con una carga de prejuicios heredados. Hay que tener una relación objetiva y profundizar los vínculos allá donde Bolivia salga mejor beneficiada. La Cancillería está haciendo el trabajo que corresponde al mundo de la diplomacia, para eso está. Que nada la turbe.