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El pedido de renovación es generalizado en el país. Ese es quizás el único punto en el que se encuentran todas las fuerzas políticas de Bolivia. Así se demuestra que la población está cansada de los viejos métodos de gobernar y de buscar representación en los gobiernos del Estado. Los que sepan escuchar e interpretar ese clamor serán los ganadores en la carrera electoral por los gobiernos municipales, regionales y departamentales.

La palabra renovación es, por ahora, un discurso de la dirigencia política, que promete esta condición para encarar el futuro de Bolivia y de los grupos partidarios, pero por ahora es una cáscara sin contenido. En contrapartida, es la exigencia de los ciudadanos, los de a pie y los que militan en las filas de las tiendas políticas.

La reunión del Movimiento Al Socialismo (MAS), realizada ayer en Cochabamba, tuvo como ingrediente principal el grito de los participantes que rechazaban el ‘dedazo’ para la designación de los candidatos y la división en sus filas. Esto también se vio reflejado en los discursos. Mientras Evo Morales exigía ganar en 300 municipios y, al menos en siete gobernaciones, Luis Arce hablaba de dar espacio a las nuevas generaciones y escuchar a las organizaciones de base. En la misma línea se pronunciaba el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, en EL DEBER, cuando habló de que es el tiempo de los “hijos” de la vieja dirigencia.

Quedó así clara la presión de nuevos actores a los viejos dirigentes de ese partido. Quizás por eso no asistieron los exministros de la gestión de Evo Morales, salvo dos.

En el lado contrario, el Comité pro Santa Cruz ha convocado a los partidos políticos de este departamento para conformar un frente que pueda vencer al MAS, aunque el llamado tuvo escasa respuesta de parte de los convidados. En Tarija existe el mismo planteamiento ante la inminencia de que, una vez en el poder nacional, el MAS gane también en las regiones.

El clamor es dejar a un lado los intereses partidarios y hasta personales, para esbozar un planteamiento que pueda enfrentar al partido en función de Gobierno.

La diferencia entre unos y otros es que en el MAS deben enfrentarse a los afanes totalitarios de la dirigencia partidaria, acostumbrada a decidir y obtener, como único obstáculo a vencer. Obviamente, la misión no es sencilla porque, aunque se ha tratado de mostrar lo contrario, se pone en evidencia un choque generacional, no solo referida a la edad, sino a la concepción de hacer política.

En cambio, entre los opositores a ese partido hay que trascender los problemas de fragmentación del liderazgo, sumados a la búsqueda de una visión unificada para darle argumentos al intento de conquistar los municipios y departamentos.

Es sabido que la elección departamental y municipal tiene diferentes componentes que una nacional. En las regiones se ponen más en evidencia las necesidades cotidianas de la gente: salud, servicios básicos, transporte, comercio, etc. Por esa razón, en estos comicios no alcanza con un discurso que apenas se encumbre en el declararse opositor al MAS, sino que debe haber propuesta clara y creíble respecto a las soluciones que se ofrecen para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, más aún en un año en el que la pandemia puso en evidencia las carencias existentes.

La mesa está servida para los partidos y dirigentes que sean capaces de escuchar las voces que piden renovación. En este momento y, frente a nuevas elecciones, el punto de partida es uno solo para todos. Habrá que ver quién tiene la capacidad de hacer suyo un clamor que, claramente, es nacional.