Opinión

EDITORIAL

Réquiem para Unasur

El Deber 3/9/2018 04:00

Escucha esta nota aquí

El 8 de diciembre de 2004 se creó la Comunidad Sudamericana de Naciones que luego dio paso a la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Se definió que su centro administrativo (secretaría) estaría en Quito y su parlamento en Cochabamba. Su objetivo inicial se centró en unificar los procesos integrativos del Mercosur y la Comunidad Andina. Luego adquirió un subido tono político impuesto por los populismos vigentes en la época en Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Los objetivos de Unasur eran ambiciosos pero jamás se concretaron. Hoy Unasur agoniza, para muchos ya está en su ataúd y a un paso del réquiem de despedida. No va más.

Como han señalado varios analistas, la pérdida de unidad ideológica entre los regímenes populistas terminó siendo su ruina. Unasur pasó a ser un elemento del pasado relacionado con gobiernos demagogos que ahora prácticamente se han extinguido, salvo la presencia de Bolivia (cuya debilidad intrínseca a nivel internacional no brinda ningún peso específico) y el caso de una Venezuela en estado catastrófico, con más de cuatro millones de refugiados buscando medios de vida en países limítrofes que ahora -en lugar de ser solidarios- les piden pasaportes e imponen inauditas restricciones.

No es la primera vez (tal vez no sea la última) que estos experimentos seudointegracionistas fracasan rotundamente. Por más que pregone lo contrario el canciller Huanacuni (Bolivia aún tiene la presidencia pro tempore) Unasur ya tiene hálito rancio, es un cadáver insepulto. Y la causa de los fracasos de estos entes estriba en la ideologización, sea cual sea su sesgo. En lugar de buscar pautas pragmáticas de consenso se procuró maximizar retórica y de ahí el resultado, que está a la vista. Cuando la construcción de procesos de integración no se ejecuta sobre la base de realidades objetivas siempre fracasará. Unasur es una más de esas falaces construcciones y no cabe insistir en su resurrección, pues no la habrá. Lo que sí preocupa es qué se hará con la infraestructura construida. En Bolivia se gastaron más de 54 millones de bolivianos en un parlamento que nunca sesionó y nunca lo hará. Una muestra más de los irresponsables dispendios de esta administración y sobre los cuales algún día deberá rendir cuentas.

Unasur se convirtió en cómplice silencioso de abusos cometidos en nombre de experimentos fracasados y de democracias formales que no son auténticas ni respetan la pluralidad. Su defunción no generará efectos negativos, Unasur nunca tuvo una función práctica digna de justificar su existencia.

Comentarios