Opinión

Respeto para los niños en su día

El Deber logo
12 de abril de 2018, 4:00 AM
12 de abril de 2018, 4:00 AM

Casi un tercio de la población boliviana (26,1%) está conformada por niños de 0 a 14 años de edad. Hoy se conmemora su día en un contexto que cada día es más difícil y complejo por múltiples variables, entre las que puede remarcarse la falta de respeto a su condición, tanto en los hogares, como en las escuelas y, en suma, en toda la sociedad.

Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas, en 2018 hay 3.621.661 niños menores de 14 años. Las normas del país permiten el trabajo infantil a partir de los 10 años y es sabido que en muchos espacios donde se emplea a menores de edad, no se les cumple los aportes a las AFP ni la seguridad social y menos el pago del salario mínimo nacional. 

Por otro lado, hace algunos días el exdefensor del pueblo, Rolando Villena, se refería a que solo el año pasado se registraron 87 infanticidios (niños que fueron víctimas de la violencia extrema que acabó con su vida la que, en muchos casos, se ejerció en su mismo hogar por familiares directos), ni qué decir de los casos de violencia sexual. Como muestra, solo hay que recordar que el país se  estremeció con la historia de una pequeña que era sometida a vejámenes en el penal de Palmasola, donde la madre era protagonista de tales acciones.

En un recorrido cotidiano por nuestras calles, hay que ver a niños que, cargados con sus mochilas, no son recogidos por vehículos de transporte público porque pagan un pasaje diferenciado o que se los subestima por la edad.

Y haciendo una mirada autocrítica en los hogares, hay que preguntar de cuánto respeto y consideración gozan los sentimientos, las opiniones y pensamientos de los niños que conviven con los adultos. No hay que olvidar que de lo que reciben en su primera infancia depende la calidad de seres humanos que serán el resto de su vida.

Por todo lo anterior, es prudente hacer un alto y reflexionar acerca del aporte de los adultos para la construcción de una cultura de respeto por la vida, por la familia, por el entorno. El ejemplo es el mejor maestro y de lo que se da en el día a día depende la calidad de seres humanos que se forman para el futuro inmediato. 

Si queremos que acabe la corrupción, es preciso mostrar rectitud en el día a día; si pretendemos que se termine la violencia en el hogar, hay que aprender a respetar a la familia; si queremos emprendedores, es necesario eliminar la queja y empezar a mostrar optimismo y capacidad de resiliencia frente al fracaso.

No es un cliché reiterar que los niños necesitan tiempo de calidad, amor y consideración. Esa es la tarea más importante y urgente. 

Tags