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Resuenan las enseñanzas de don Pedro

Adhemar R Suárez Salas 22/10/2019 03:00

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Sobre la belleza y la oscuridad de la vida, de la soberbia de la juventud y la sabiduría de los mayores, del amor en sus múltiples matices, de cómo no controlamos nuestro propio destino y luchamos contra fuerzas caóticas que rigen el futuro siempre incierto, del dolor inconsolable por los que parten y nos dejan sumidos en una profunda tristeza, de lo que queda pendiente y jamás se podrá saldar. 

Hay seres tan maravillosos, que aunque hubieran partido, quedan inmortalizados en este mundo por la obra que dejaron cincelada en los espacios físicos que transitaron con pasión benedictina.

 Había que verlo. Se puede, claro, explicar con palabras, pero entonces hay que hablar de unos ojos azul cobalto donde uno tiene la sensación de que podría perderse, del abrazo cerrado, amistoso como recibía a sus invitados, allí en su escritorio, con una tenue música de fondo, haciendo la pausa antes de pronunciar cada frase, como si escribiera mentalmente antes de hablar –y en verdad lo hacía- por eso, cuando al fin hablaba, la experiencia de la conversación es la de una revelación compartida. Esa mirada suya, la de don Pedro Rivero Mercado es el saludo de bienvenida a su propio, omnívoro universo, donde tenemos la infantil sensación de que permaneceremos para siempre. Nos legó su impronta en el campo de la literatura, del derecho y del periodismo. 

Es uno de los escritores más originales que transformó para siempre el modo de mirar De estos claroscuros de la existencia humana nos habló el Dr. Pedro Rivero Mercado, un ícono sin concesiones del periodismo de trinchera. 

Yo tuve el privilegio de compartir los manjares de su sapiencia, la tersura de sus cristalinas metáforas, sus consejos pitagóricos y sus chispeantes y oportunos chascarrillos que perfumaban el ambiente. Contaba que una vez el inolvidable compositor don Susano Azogue, le propuso grabar un disco con melodías del acervo cruceño. “Yo le pongo la música y vos la letra, porque escribes como los dioses”. 

A lo que el doctor Pedro, le replicó: “Nada me haría tan feliz que figurar al lado suyo en su rico pentagrama”. Lamentablemente, el profe Susano falleció poco tiempo después de tan importante encuentro. Dos semanas antes que partiera al Parnaso, me dijo algo perdurable: “la vida es un riesgo que vale la pena asumir”.