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Finalmente, tras casi siete meses de vigencia de distintos grados de cuarentena por la pandemia, el país ingresará el 1 de octubre a una nueva dinámica de movimiento y actividad económica prácticamente normal.

El gabinete de ministros ha aprobado ayer un nuevo decreto de posconfinamiento que amplía la circulación de personas y vehículos desde las cinco de la madrugada hasta la medianoche, así como la apertura de actividades económicas hasta esa hora.

La medida se enmarca en el contexto de las políticas destinadas a reactivar la economía, que ha sido drásticamente golpeada por la llegada del Covid-19 al país los primeros días de marzo. Hay que recordar que durante los primeros meses de la emergencia sanitaria casi todos los comercios permanecieron con las puertas cerradas, con excepción de los negocios proveedores de alimentos.

Rubros como el gastronómico sufrieron más que otros, al extremo de que muchos se vieron obligados a despedir a su personal y cerrar actividades, varios de ellos de manera definitiva.

Otros sectores como el de la organización de eventos públicos masivos aún no podrán operar bajo ninguna modalidad, y consecuentemente también las actividades culturales de las ciudades continuarán restringidas.

Las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno representan una gran oportunidad para reimpulsar el movimiento de la economía en todas sus escalas, que tendría que ir acompañada de una condición imprescindible: que la población contribuya con disciplina a conservar las medidas de bioseguridad para hacer de ese tiempo un periodo de aprovechamiento para la recuperación de los ingresos, y que no se convierta en un momento de retroceso en los escasos avances en la lucha contra el coronavirus.

Todo el esfuerzo de estos meses por contener, o por lo menos hacer más lento el avance del virus en el país, habrá servido de prácticamente nada si en este tiempo de casi completa apertura a la circulación y las actividades económicas los pobladores abandonan el uso del barbijo, la práctica del distanciamiento social, el lavado constante de manos y otras medidas que la población a estas alturas tendría que conocer de memoria.

Hasta ayer, Bolivia tenía más de 134.000 casos de coronavirus en todo el país, y algo más de 7.900 fallecidos por esta enfermedad, según las cifras oficiales que no abarcan el universo completo de personas infectadas por el virus en el país, como ya se ha dicho mucho en estas líneas, principalmente por la ausencia de una mayor cantidad de pruebas de diagnóstico, y por el aprendizaje de la gente que desde hace un tiempo prefiere tratar sus casos dentro de casa, sin acudir a los hospitales Covid.

Es tiempo también de que, con algo de conciencia patriótica, los bolivianos apoyemos las iniciativas de los nuestros, consumiendo productos y servicios producidos en Bolivia y por bolivianos, lo que implica, en los hechos, que nos apoyamos entre todos, y de esa forma estaremos contribuyendo a la recuperación de los empleos y la consolidación de las fuentes de trabajo que lograron sobrevivir en este tiempo difícil.

Quienes tienen que poner de su parte en este tiempo son los partidos políticos que en fines de semana parecen ignorar que el virus aún está entre nosotros, y harían bien en llevar adelante sus actividades proselitistas evitando la concentración excesiva de personas en espacios reducidos; de lo contrario, lo que están es creando las condiciones para un rebrote de la pandemia en el país.