Opinión

Revalorizar el conocimiento

19 de abril de 2020, 3:00 AM
19 de abril de 2020, 3:00 AM

El complejo fenómeno pandémico exige, entre otras cosas, revalorizar el conocimiento científico. En realidad fueron los científicos quienes advirtieron sobre la existencia y los efectos devastadores del coronavirus, con resultados nefastos para el médico de Wuhan que tuvo la osadía de decir la verdad en cuanto pudo hacerlo (en el régimen comunista de China no hay libertad de expresión). 

La Organización Mundial de la Salud, máxima autoridad científica en este campo, ha tomado prácticamente el control de la crisis sanitaria, y ha recomendado a los gobiernos las medidas extraordinarias de confinamiento no para eliminar el virus sino para evitar el colapso de los servicios de salud y mitigar los efectos perversos de la pandemia. Y será la ciencia y los científicos los que tienen que encontrar una vacuna contra el coronavirus y la industria farmacéutica su producción y comercialización.
Los gobiernos tienen la obligación de seguir los consejos de la ciencia, aunque son ellos quienes tienen que tomar las decisiones según las circunstancias de cada país. Ningún científico puede ordenar el aislamiento social, menos imponer un conjunto de medidas imprescindibles para encontrar el punto de equilibrio entre la contención del virus y los inevitables daños económicos y sociales que provoca el cese de la actividad productiva. Sin embargo, la investigación científica necesita apoyo estatal para realizar sus pesquisas y experimentos hasta encontrar los antivirales y vacunas; el coronavirus ha recordado la necesidad de que los gobiernos no pueden divorciarse de la ciencia ni de los científicos. 

Los expertos alertaron a tiempo, pero algunos países no lo tomaron en serio y ahí están los nefastos resultados de Italia y España. La subestimación de la ciencia y la cruda realidad han terminado imponiéndose en algunos países cuyos gobiernos se resistían a seguir sus recomendaciones. Es cierto que Donald Tromp, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador y Daniel Ortega, fueron escépticos y reaccionaron con absoluta irresponsabilidad y negligencia al principio, pero finalmente tuvieron que reencauzar el tratamiento pandémico y someterse a la única vacuna existente: el aislamiento social, y lavarse las manos con agua y jabón.

La crisis sanitaria pone igualmente a prueba a los gobernantes y la población sabe quiénes van en la dirección correcta y quienes toman decisiones previo cálculo político. El mayúsculo problema que ha generado el virus necesita de estadistas que, según el diccionario de la lengua española, son las personas “con gran saber y experiencia en asuntos del Estado”. Y Winston Churchill advertía que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. El estadista tiene que resolver los problemas de Estado, planifica y tiene la grandeza de poder concertar grandes acuerdos nacionales, así como permitir el recambio generacional. La situación actual exige adoptar un estilo racional de gobernanza, nacional e internacional. 

El gobierno boliviano, en este sentido, ha tomado las decisiones recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y, a juzgar por los resultados, van en la dirección correcta (aunque impopulares) por cuanto han contralado y evitado la propagación comunitaria y la pérdida masiva de vidas humanas. Hay que recordar que nadie estaba preparado ni esperando al coronavirus, ni siquiera las potencias mundiales. 

Sin embargo la presidenta Jeanine Áñez tiene el desafío histórico de buscar los mejores talentos bolivianos y repatriar a los que se encuentren en el extranjeros (que salieron como parte de la fuga de cerebros de los anteriores gobiernos) para hacer un equipo técnico de altísimo nivel y trabajar quizás no tanto en la pandemia (que parece controlada y controlable) sino fundamentalmente en las secuelas que dejará haber paralizado la economía para proteger la salud y la vida de los bolivianos. 

De ahí que fortalecer el sistema de salud, dotarle de presupuesto e infraestructura y capital humano calificado, reactivar la economía en general y combatir otros virus como el de la ignorancia, parecen tareas urgentes e imprescindibles que tiene que enfrentar el actual gobierno y los próximos que sean elegidos.
•    Jurista y autor de varios libros.

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