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La mayoría de los informes y análisis económicos sobre los resultados de la Gestión concluida señalan que hemos logrado un importante avance en la recuperación económica del país, siendo las estadísticas oficiales similares a las cifras publicadas por organismos económicos internacionales. En resumen un crecimiento del PIB cercano al 6%, un superávit comercial mayor a 1.500 millones de dólares, inversión pública de 2.000 millones de dólares, reducción de la tasa de desempleo urbano del 11% al 5%, inflación anual acumulada menor al 1% y un aumento de los ingresos fiscales del 15%, han marcado el inicio de la recuperación de forma importante pero no suficiente, pudiendo haber sido mayor y mejor de ajustarse ciertas variables y de establecer mayores políticas de consenso.

Lo importante ahora es ver lo que nos queda por recorrer, ajustados al plan de desarrollo nacional y al presupuesto general del Estado, conscientes de la necesidad de realizar ajustes consensuados con los gobiernos subnacionales, evaluando las oportunidades y amenazas del cambiante entorno global y sobre todo, analizando los riesgos que pudieran amenazar la recuperación económica que todos los bolivianos necesitamos. Estos imprevistos pueden ser exógenos y endógenos, muchos de los cuales no podemos controlar ni influenciar pero si los podríamos prever y con ello encarar medidas que permitan su asimilación maximizando su beneficio o reduciendo al mínimo su perjuicio. Los riesgos que podemos medir y controlar debemos tomar cuenta de ellos y asegurarnos que su ocurrencia no afecte a los objetivos de desarrollo.

Evaluemos inicialmente los mayores riesgos externos que podrían amenazar nuestra recuperación económica. El más importante está relacionado al precio internacional del barril del petróleo y el gas natural, que afectan a nuestros ingresos por las exportaciones de gas natural de YPFB y en los egresos por las compras de combustibles (gasolina y diésel).

Las previsiones en este sentido en el corto plazo es que ambos precios se mantengan con cierta estabilidad pero al alza, en el caso del Barril de Petróleo Crudo (Indice WTI) el aumento del año 2021 fue del 50% y se espera se mantenga estable alrededor de los 70 a 75 Usd/Barril, bajo control del suministro de los países productores (OPEP+) incluido Rusia. Este precio solo podría verse afectado drásticamente al alza por una escalada de los conflictos entre Rusia y los países de la OTAN ante una posible invasión rusa a Ucrania o un descuerdo mayor con Irán en la producción de armas nucleares que endurezca más las sanciones a este país. El tema en cuestión es que mientras menos gas exportemos y más combustibles importamos el valor del subsidio a los combustibles se hará insostenible.

Otro elemento de riesgo en la recuperación económica son los precios de las materias primas agrícolas cuyo efecto en los ingresos del sector productivo no tradicional y gran parte del sector comercio, dependen de las exportaciones (soya, aceites vegetales, azúcar, carne bovina, alcohol y otros). El Índice que mide el comportamiento de estos precios, marcó un cierre del 29.86% de incremento en 2021, siendo la previsión de una mayor inestabilidad en 2022 debido al impacto aún desconocido la cuarta ola del Covid19 con la nueva variante Omicron, que podría provocar peores disrupciones en las cadenas de suministro y contraer la demanda, con lo que se perderían las ganancias del rebote post pandémico de la segunda y tercera ola.

Otra variable poco analizada en su posible impacto y que conlleva riesgo, es la valoración del dólar a nivel global y su desfase con la política de tipo de cambio fijo. El índice dólar que mide el valor de la moneda estadunidense frente a las siete monedas más fuertes del mundo se ha apreciado en poco más del 7% el 2021, el Euro se devaluó hasta un 6% frente al dólar en el mismo periodo, mientras la moneda boliviana se ha mantenido inalterable. La perspectiva de la fortaleza del dólar es altamente probable debido a la expansión provocada por las ayudas contra la pandemia y una economía estadounidense casi a pleno empleo, esta situación provoca que un tipo de cambio devaluado en Bolivia promueve el contrabando transfronterizo y las importaciones formales que se pretenden sustituir, esto sin contar que se encarecen nuestras exportaciones al pagarse los costos de producción y logística con una moneda boliviana sobre valuada.

Otro de los riesgos subyacentes en la economía boliviana durante ocho años consecutivos es el déficit fiscal global, que se ve aún más agravado por el incremento del gasto público en su administración y por el ensanchamiento del Estado con la creación de nuevas empresas públicas, en muchos sectores donde ya se tiene presencia activa del sector privado nacional. No obstante el mayor problema del déficit no es su cuantía (9,7% previsto para 2021), sino, su fuente de financiamiento basada en deuda pública externa e interna. Debería primar un análisis básico, financiar gasto solo prolonga la agonía, al igual que financiar inversión pública en sectores no estratégicos concurrentes con la inversión privada nacional, es solventar déficit futuros de malas administraciones públicas, sean de gobiernos de izquierda o derecha, o del centro izquierdo o derecho, o quizá ambidiestro.

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