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7 de octubre de 2017, 6:00 AM
7 de octubre de 2017, 6:00 AM

Un eminente pensador del siglo XX, Shoghi Effendi, ve a la humanidad en el umbral de un doble proceso, cada uno tendiendo a su modo a llevar a un clímax las fuerzas que están transformando a nuestro planeta. Él escribe que uno de estos procesos es constructivo y de integración, y el otro fundamentalmente destructivo y que va derribando todas las barreras en el camino del primero, que está destinado a crear un Nuevo Orden Mundial. 

Por algunas razones -que el espacio de este artículo no permite describirlas- a la mayoría de los hombres nos fascina y nos gusta conocer más noticias del segundo proceso y no de la integración, a pesar de que los elementos de este influyen constantemente sobre nuestras vidas en todos los aspectos: espiritual, social, económico y laboral.

Uno de estos elementos del proceso de integración es la labor constructiva del voluntariado y el servicio a la comunidad. El ser humano, a diferencia de otros seres en la creación, es consciente de esta virtud y sabe que sus actos serían nobles cuando el ‘dar’ no sea por ‘recibir’ una recompensa material o a cambio de algo, inclusive la publicidad, sino como un acto de solidaridad, de amor y de cooperación. 

El movimiento de Rotary, fundado en 1905 por Paul Harris (1868-1947), es una de las manifestaciones más notables de este espíritu de voluntariado. Su eslogan: “Dar de sí antes de pensar en sí” guía el corazón del Rotario y su lema de “Se beneficia más quien sirve mejor” le impulsa a un alto grado de desprendimiento y generosidad hacia quienes lo necesitan, sin tomar en cuenta su clase social, raza, género, religión o tendencia política.
Por sus características, los efectos sociales y el valor económico del voluntariado no son tomados en cuenta. Desde el punto de vista económico, según Bernardo Kliksberg, “genera en diversos países desarrollados más del cinco por ciento del producto bruto nacional en bienes y servicios sociales. En Israel, por ejemplo, abarca el ocho por ciento del producto bruto nacional”. Los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja donaron servicio voluntario por un valor de cerca de 6.000 millones de dólares en 2009 en todo el mundo. 

Rotary es una red mundial compuesta de 1.200.000 vecinos, amigos, líderes y personas que toman acción (en 35.399 clubes) para solucionar problemas, quienes unidos generan un cambio positivo y perdurable en comunidades de sus países y del extranjero. La organización, en 2015-2016, registra en su sistema de información 35.000 proyectos activos. De esta manera se refleja que los rotarios aportaron más de 12 millones de horas de servicio voluntario, más de 380 millones de dólares en concepto de contribuciones en efectivo y casi 265 millones de dólares mediante donaciones en especie para mejorar la calidad de vida en las comunidades del mundo entero.

Durante los últimos 30 años, Rotary ha desplegado esfuerzos para eliminar la poliomielitis de la faz de la Tierra, meta que ya se vislumbra en el horizonte. Según un informe del Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU), de 2011, esta iniciativa mundial, encabezada por los gobiernos nacionales, la Organización Mundial de la Salud, el Unicef y Rotary International, ha inmunizado a más de 2.500 millones de niños contra la poliomielitis en más de 200 países, gracias a 20 millones de voluntarios, con una inversión de 8.000 millones de dólares.

En Latinoamérica existen 94.500 rotarios, y en nuestro país, aproximadamente 1.200, quienes con sus experiencias imbuidas con un espíritu motivador y entusiasta, por medio de muchos proyectos comunitarios, están reforzando una cultura solidaria y fomentan una ética de servicio al bien común.
Rotary responde a los gritos de socorro que no se escuchan y aprieta muchas manos extendidas que no se ven. Así, en Bolivia, como en el resto de nuestro pequeño globo, está ¡marcando la diferencia!  

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