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4 de abril de 2022, 4:00 AM
4 de abril de 2022, 4:00 AM

Por Álvaro Montenegro Pinto, politólogo y analista internacional especializado en Medio Oriente

Zbigniew Brzezinski fue uno de los personajes más influyentes en la política exterior de EEUU. Oriundo de Polonia, Brzezinski fue consejero de Seguridad Nacional (1977-81) en el Gobierno de Jimmy Carter.

En 1974, poco antes de ocupar aquel puesto, Brzezinski también cumplió un rol importante en la creación de la “Comisión Trilateral”: una organización internacional no gubernamental dedicada a facilitar las relaciones entre EEUU, Europa Occidental y Japón de la cual el empresario David Rockefeller fue su primer presidente. Pero esa es otra historia.
En 1977 Brzezinski publicó uno de sus más reconocidos trabajos: El Gran Tablero Mundial: La Supremacía Estadounidense y sus Imperativos Geoestratégicos.

Siguiendo la teoría de la “Isla Mundo” del británico Halford Mackinder –considerado el padre de la geopolítica moderna– el libro desarrolla una comprensiva e integrada geoestrategia de EEUU hacia Eurasia.

Para Mackinder y Brzezinski, desde que los continentes empezaron a interactuar políticamente hace unos 500 años, Eurasia fue “el centro de poder mundial”.

Aquella vastísima región –que incluye Europa, Asia y Medio Oriente– en el tiempo que Brzezinski escribió el libro, albergaba el 75% de la población y el 60% del PIB mundial, como también tres cuartos de los recursos energéticos conocidos en el mundo.

El siguiente famoso aforismo de Mackinder resume su pensamiento: “Quien controle Europa del Este domina el Corazón Continental; quien controle el Corazón Continental domina la Isla Mundo; quien controla la Isla Mundo domina al mundo”.

El control de Eurasia casi automáticamente supone la subordinación de África y tanto las Américas como Oceanía quedan como periferias del centro.

En la historia reciente, fue el Imperio Zarista y luego la Unión Soviética quienes lograron controlar casi en su totalidad el “Corazón Continental”; es decir Siberia, Europa Oriental y Asia Central.

No obstante, como apunta Brzezinski, la última década del siglo XX fue testigo de “un cambio tectónico en los asuntos mundiales”. Por primera vez en la historia, un país no-euroasiático emergió como primera potencia mundial.

Para mantener la primacía de EEUU en Eurasia y por tanto a nivel mundial, Brzezinski argumenta que es imperativo que ningún oponente euroasiático sea capaz de dominar Eurasia y por tanto desafiar a Estados Unidos. Y escribe: “Todos los retadores políticos y/o económicos potenciales a la primacía estadounidense son euroasiáticos. Acumulativamente, el poder de Eurasia eclipsa ampliamente al de Estados Unidos. Afortunadamente para EEUU, Eurasia es demasiado grande para ser políticamente una”.

Hace más de 40 años, cuando se publicó el libro, Brzezinski señaló que era necesario evitar que Rusia forme una alianza con “el actor principal del este” (China o Japón).

También postuló que sin Ucrania, Rusia deja de ser un Imperio euroasiático y solamente podrá aspirar a ser un imperio asiático. No obstante, si Rusia ganaría el control de Ucrania, Brzezinski advierte: “Con sus 52 millones de habitantes y grandes recursos como también su acceso al Mar Negro, Rusia automáticamente gana de nuevo los medios para convertirse en un poderoso poder imperial, abarcando Europa y Asia”.

En los últimos años las proyecciones de Brzezinski fueron volviéndose realidad. El progresivo acercamiento de Rusia y China –particularmente por dos proyectos conjuntos: Ruta de la Seda y la Organización Económica de Shanghái– representaron la emergencia de un nuevo eje euroasiático capaz de desafiar la primacía de EEUU en la región.
Por otra parte, el actual conflicto Rusia-Ucrania es un importante capítulo más de la más grande batalla por el principal premio geopolítico a nivel mundial: el Corazón Continental y la Isla Mundo.

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