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“Saldremos adelante”

Christian Aramayo 2/6/2021 05:00

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Bolivia es el país más vulnerable y el menos preparado para enfrentar el covid19 de toda América del Sur. Lo sabíamos; lustros de despilfarro y destrucción de la institucionalidad nos pasaron y nos siguen pasando factura.

Así las cosas, no tiene sentido práctico perder el tiempo en renegar permanentemente sobre la realidad. No se me malentienda, la visión crítica es necesaria y, es más, suele ser prudente reflexionar para alcanzar cualquier mejora. Sin embargo, ¿qué sentido tiene agregar tristeza a la tristeza existente? ¿qué se gana al añadir dolor a la tragedia? Tal vez debamos preguntarnos cómo y dónde encontrar una virtud que nos brinde alegría y esperanza ante un panorama político, económico, social y de salud difícil.

Comienzo afirmando que no es necesario apuntar a lo imposible; si la utopía era indispensable ante la carencia de datos e información, hoy podemos encontrar las mayores fuentes de esperanza en lo cotidiano, en la realidad -imperfecta- y de esa costumbre de mirar el mundo de esa manera, surgen como resultado la gratitud y su complemento (también imperfecto): la dulzura. La gratitud sin dulzura se vuelve solemne y la solemnidad no suele ser natural. ¿Vale lo mismo dar las gracias sin ser agradecido? No lo creo.

Podemos encontrar esta pareja de virtudes en el padre que, aún sin dinero, juega con sus hijos; en el médico que luego de no dormir por 24 horas, llega a casa a mimar a su mascota; en la estudiante que trabaja y estudia con una sonrisa mientras riega a su plantita, en los amigos que llaman para decir que todo saldrá bien e incluso en los amantes que se envían flores… Ok. Tampoco exageremos. Hay temas que requieren seriedad como la seguridad y el hambre. La dulzura no es suficiente para salvar la vida a alguien, y, es más: la dulzura no es necesaria para vivir, pero hace a la vida más dulce, es una virtud que devuelve lo mejor de la humanidad en los detalles y por ello, es tan necesaria e importante para estos tiempos.

Vivimos un periodo de pérdidas irreparables, cambios bruscos y, si bien muchos de esos cambios son dolorosos, cada hora somos testigos de enormes actos de heroísmo, veamos -valoremos- los detalles. No perdamos la convicción de seguir adelante por nuestros hijos, nuestros padres… en suma, por nuestros seres queridos y por nosotros mismos, ya que, como decía un famoso periodista: no es posible construir un futuro si no estamos convencidos de que es posible alcanzarlo.



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