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Salidas a la asfixia económica

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12 de abril de 2020, 7:00 AM
12 de abril de 2020, 7:00 AM

En el ocaso de 2019 iban cayendo a pedazos los cristales de la ilusión que vendió el anterior gobierno y que hablaban de crecimientos récord de la economía, de reducción de la pobreza y otras teorías más que ahora se ve que eran solo castillos de naipes.

Al comenzar el año 2020, aún sin saber del coronavirus y su impacto, en Bolivia ya se sabía que comenzaba una gestión incierta y dura, que las expresiones de la crisis económica no se demorarían en llegar. A ese escenario se sumó la crisis mundial causada por la presencia del enemigo silencioso llamado Covid-19, ese virus que ha cambiado al mundo y que tiene a los cerebros más brillantes del planeta buscando la fórmula para salir de este agujero negro con el menor daño posible.

La crisis económica es planetaria. La Organización Internacional del Trabajo calcula una pérdida de al menos 25 millones de empleos. Las bolsas de valores del mundo no pueden recuperar estabilidad y el precio de los comodities se cae a pedazos, haciendo trizas también las finanzas de países de producción primaria, como es Bolivia.

Un virus desconocido e incontrolable ha metido a la humanidad en su casa, a través de medidas de aislamiento social que hacen caer la productividad y la generación de riqueza. En Bolivia, más del 60% de la población económicamente activa es informal y tiene dependientes que viven al día, lo que significa que, si en una jornada no trabajan, no tienen para comer. Esta realidad ha hecho que resurja la pobreza como una bofetada a los discursos demagógicos que el país solía escuchar. 

Frente a esto, el Gobierno ha creado bonos para la gente de menos recursos: el de la canasta familiar para ancianos sin ingresos, para madres y para personas con capacidades diferentes. Desde la siguiente semana se pagará el bono familia para los hogares donde hay estudiantes en edad escolar, desde el nivel inicial hasta el secundario. También se ha dispuesto una ayuda para el pago de servicios básicos. Lamentablemente, si bien constituyen una gran ayuda, no son suficientes para resolver el problema económico.

Ayer el presidente de la Cámara de Industria y Comercio lanzó un grito desesperado de políticas urgentes para inyectar liquidez al mercado, afirmando que hay empresas pequeñas, medianas y grandes que están a punto de quebrar porque no generan recursos para cumplir sus obligaciones. Y entre estas responsabilidades está el pago de sueldo a los dependientes. La clase media asalariada vive con incertidumbre porque no sabe si cuando pase la cuarentena seguirá teniendo trabajo, si podrá ganar lo mismo o cómo se va a modificar su situación de ingresos mensuales.

Sin duda el panorama es demasiado complejo. El Gobierno tiene un escenario difícil de resolver, porque además le faltan recursos económicos para atender las demandas y dificultades. No obstante, su misión ahora es extremar la creatividad y los acuerdos sociales para que la carga pueda ser compartida entre todos los niveles del Estado, todos los sectores del ámbito privado y la ayuda internacional que se pueda obtener. Precisamente, los países más ricos del planeta están buscando opciones para ayudar a las economías menos favorecidas y posibilitar una salida global a esta crisis que es general.

El sector privado también ha sugerido el uso de los fondos de pensiones, administrados por las AFP, para dinamizar la economía y esa puede ser una de las opciones a seguir para sobrellevar este momento.

El punto de coincidencia general debe ser la celeridad de las medidas económicas, porque con la economía parada, la crisis y las situaciones de iliquidez no se detienen y pueden dejar nefastas consecuencias a la sociedad. A ello hay que sumar que, sin empleo y sin ingresos, los sectores más empobrecidos pueden comenzar una escalada de protestas sociales que complicarán aún más la situación.

Es tiempo de reunir a las mentes más lúcidas del país, independientemente del color partidario, para lograr acuerdos y establecer políticas que permitan avizorar una luz al final del camino.

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