En una entrega anterior titulada “Bonos Municipales: una alternativa de financiamiento viable y transparente”, se explicó las ventajas y beneficios de este mecanismo para el fondeo de los municipios. En ese artículo se señaló que el municipio paceño registró dos emisiones exitosas, mientras que el cruceño sufrió un rotundo fracaso en su salida durante la gestión 2025. Surge entonces la pregunta: ¿qué salió mal con la emisión de los Bonos Municipales Cruceños?
Antes de responder, conviene conocer los detalles de la emisión. El Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra (GAMSC) cuenta con un programa de emisión de bonos por Bs 250 millones, aprobado por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), que puede colocarse por tramos. En la gestión 2025 se autorizó el primer tramo por Bs150 millones, a un plazo de cinco años y un rendimiento del 6,5 % anual, con una calificación de riesgo A2 (siendo AAA la mejor calificación posible). Cada bono tenía un valor nominal (Individual) de Bs. 10.000 y estuvo disponible para su adquisición desde el 2 de junio de 2025 hasta noviembre del mismo año, con el objetivo de financiar seis grandes obras de construcción entre canales y pavimentación (información detallada disponible en las páginas web de la ASFI y la BBV)
Sin embargo, ningún inversionista adquirió estos bonos. ¿Qué pasó?
Según consultas realizadas de manera no oficial a distintos inversionistas nacionales, la negativa a adquirir los bonos se debió a que la Gestora Pública de la Seguridad Social de Largo Plazo (Gestora) no participaría de la emisión. Esto es determinante porque “al parecer” la Gestora es el actor que marca el éxito o fracaso de una emisión y sirve de referente para los demás inversores. Fuera de ella, el universo de compradores se reduce a la banca comercial y algunas administradoras de Fondos de Inversión Cerrados (FIC), cuyas participaciones suelen ser bajas. Cabe recordar que, conforme al Artículo 140 de la Ley de Pensiones N° 065, la Gestora puede invertir hasta en el 60% de una emisión. Lo que lleva a otra pregunta: ¿por qué la Gestora no invirtió en estos bonos municipales?
En 2025, la Gestora, con el patrocinio de la Bolsa Boliviana de Valores (BBV), llevó adelante talleres de difusión sobre sus criterios técnicos de evaluación de inversiones. Por primera vez se pusieron en conocimiento de las agencias de bolsa y la banca los lineamientos y metodologías de cálculo que utiliza la administradora para decidir en qué invertir. Gracias a ello, cualquier emisor puede estimar con anticipación el nivel de inversión que podría recibir según la información que presente.
Al analizar las variables y datos presentados en la emisión de los Bonos Municipales de Santa Cruz, destacan al menos dos señales de alerta: entre las gestiones 2022 y 2024, el municipio registró resultados negativos, es decir, sus gastos corrientes superaron sus ingresos corrientes; y su liquidez —la disponibilidad de recursos en el corto plazo— disminuyó de forma notable. Ante esta situación, el gobierno municipal presentó planes para mejorar los ingresos, aunque su factibilidad era cuestionable. Si bien estos indicadores no son los óptimos, todavía se encontraban dentro de márgenes tolerables para invertir.
El factor que parece anuló definitivamente la inversión de la Gestora fue el momento político: el GAMSC emitió una deuda de Bs150 millones en sus últimos meses de gestión. Endeudarse en el ocaso de una administración no es visto con buenos ojos, pues de haberse concretado la operación, las obras se habrían adjudicado bajo la autoridad saliente, dejando al nuevo alcalde la responsabilidad de honrar una deuda cuya ejecución no superó.
No obstante, no todo está perdido. Emitir bonos implica gastos en agencias de bolsa y calificadoras de riesgo, entre otros. Es un costo hundido. El municipio cuenta con la documentación y las aprobaciones necesarias para que el nuevo alcalde, Carlos Manuel “Mamén” Saavedra, pueda encaminar una emisión exitosa. Para ello bastaría con subsanar las observaciones, precisar cómo se garantiza el pago de las obligaciones e identificar los proyectos beneficiarios. Un paso clave sería convocar a una reunión con los principales inversionistas —la Gestora, la banca y los Fondos de Inversión Cerrados— para determinar una tasa de rendimiento competitiva frente a las opciones de financiamiento tradicional.
La adquisición de deuda no es mala en sí misma. Si existe una estrategia clara, un objetivo definido y un retorno identificable, constituye una vía de crecimiento más rápida y eficiente.