El Deber logo
23 de noviembre de 2018, 4:00 AM
23 de noviembre de 2018, 4:00 AM

A ritmo acelerado, el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) intenta recuperar los 13 años perdidos en el diseño de un plan integral de salud que hubiese podido ser la gran herencia del llamado Proceso de Cambio. Ya es tarde. Probablemente no se repitan las condiciones externas tan favorables para la inversión en Desarrollo Humano. Es una paradoja, pues las revoluciones del Siglo XX privilegiaron la atención al más importante de los recursos de una nación, el ser humano. Más que todo, al binomio madre/niño.

El MAS ha preferido derrochar en cemento y fierros, casi siempre con escasa planificación y visión de cortísimo plazo. Así quedan aeropuertos inútiles o con goteras; carreteras partidas o abandonadas; y hospitales a medias como en El Alto o en Oruro.

El Ministerio de Salud fue desde 2006 una de las más desprolijas carteras. No se trazaron procesos con los principales actores: médicos y trabajadores en salud. Medidas unilaterales provocaron más daños que avances, año tras año.

Incluso la llegada de los cubanos no fue parte de una planificación boliviana sino de un juego de carambola que incluía a Venezuela. El extraordinario impacto del inicio (atención en áreas rurales, atención en oftalmología) se fue desvaneciendo. Al final, una decisión equivocada: utilizar cubanos para atender a la población en las estaciones del Teleférico como contrapeso a la huelga de los galenos; de queridos y respetados fueron acusados de esbirros rompe huelgas.

Al no tener una propuesta integrada, algunas iniciativas no han logrado impactos sostenibles, como el bono Juana Azurduy o el aumento sustancial al subsidio materno.

El vicepresidente Álvaro García Linera anunció en varias oportunidades que no se dejaría atender en el servicio público de salud. El presidente Evo Morales prefiere irse afuera con cualquier dolencia. Expresa su sorpresa porque nadie le avisó qué sucede con los enfermos de cáncer, muchos menores de 10 años. Quizá tampoco supo del pedido del padre Mateo, al menos 10% de presupuesto para ítems y equipos de salud.

Lastimosamente, el MAS será más recordado por su apego al trago, a la fiesta, al ¡salud! Es difícil entender por qué Morales confiesa que se “farrea de ocultas” para no ser criticado. En estos lustros, los escándalos por excesos festivos se han multiplicado y con signos de violencia, prostitución, embriaguez “hasta las últimas consecuencias”. Es cierto que antes no existían las redes sociales, pero ello no justifica a aquellos ministros alcoholizados, el uno manejando su vehículo, el otro posando desnudo con prostitutas; un presidente de YPFB en tratos con dueños de cantinas clandestinas; senadores, diputados, asambleístas complicados con casos de violencia sexual.

Sin olvidar los peores ejemplos de esta “revolución indígena”: el asalto sexual a una muchacha en un recinto legislativo; la pérdida de la medalla de Simón Bolívar en zona de prostíbulos o el diputado ebrio y desnudo que se comparaba a Tupac Katari descuartizado mientras se arrastraba por un aeropuerto internacional.

Tags