Edición Impresa

¿Salud o economía?

Pablo Mendieta 7/1/2021 05:00

Escucha esta nota aquí

Cada profesión tiene un campo de estudio. Las leyes en el derecho, la mente humana en la sicología, y las disyuntivas en economía.

En efecto, los economistas analizamos situaciones que implican elección y que generan dilemas por los recursos limitados. Algunas de estas son: ¿deberíamos orientarnos a explotar recursos naturales o a producir servicios? ¿Le correspondería hacerlo al sector público o al privado?

La disyuntiva más reciente y dolorosa es si debemos elegir entre vidas (salud) y medios de vida (economía). El confinamiento a gran escala podría reducir significativamente los contagios a costa de menores ingresos. O, viceversa: más empleo y actividad, pero con más contagios y sus secuelas.

La posición de los principales organismos internacionales, especialmente al inicio de la pandemia, es que esta disyuntiva no existe. Cuidar las vidas es también preservar el capital humano y, por ende, la economía.

En el mundo ideal, deberíamos estar en confinamiento apoyándonos en los ahorros o endeudamiento. Si es necesario, el Estado podría ayudar a quienes tienen menos recursos y a velar por la liquidez. Y, la actividad se reanudaría cuando todo termine.

Desafortunadamente, la realidad es más complicada porque los ahorros no son suficientes, el mercado financiero no puede otorgar créditos fácilmente y los Estados, especialmente Bolivia, tienen limitaciones para apoyar a familias y empresas.

Las estadísticas económicas y sociales del país respaldan por qué somos el país más vulnerable a la pandemia, tal como lo indicó la consultora Oxford Economics.

Según la Encuesta de Hogares 2019, 750 mil trabajadores operaban en empresas o instituciones formales, 900 mil aportaban a las AFP y 1,8 millones tenían seguro médico de los 5,5 millones de trabajadores. Además, que un tercio de ellos vive de los ingresos diarios.

Por otra parte, 42% de los hogares no tiene refrigerador y no puede almacenar adecuadamente sus alimentos en caso de cuarentena. Tampoco pueden aislarse porque una cuarta parte de los hogares solo tienen una habitación para pernoctar. Y uno de cada cinco no cuenta con jabón, elemento indispensable para luchar contra la pandemia.

Además, según el Banco Mundial, 46% de la población no tiene una cuenta en el sistema financiero, lo que podría facilitar la ayuda estatal a los más vulnerables.

Como lo señalan los académicos de la Universidad de Harvard Ricardo Hausmann y Ulrich Shetter, la pandemia nos ha puesto en la horrible disyuntiva entre “vidas y vidas”: los bajos niveles de ingreso y alta informalidad implican que o dejamos que las personas mueran con el virus o mueran de hambre.

Cuando apuntamos a la gente como la culpable por el aumento de casos, creo que apelamos a un argumento simple y olvidamos su situación. Esto no significa que la bioseguridad sea vital, sino que debemos estar conscientes de sus limitaciones.

Un estudio de los economistas Martin Eichenbaum, Sérgio Rebelo y Mathias Trabandt muestra que la disyuntiva entre salud y economía se puede mitigar mediante testeo masivo y aislamiento de los positivos.

En todo caso, necesitamos nuevas medidas en lo sanitario como una mayor capacidad de testeo para que la positividad sea a lo más el 5% del total de pruebas y no casi el 40% de inicios de año. De igual forma requerimos tener trazadores o encargados de contactar a los que estuvieron cerca de un positivo y verificar que cumplan aislamiento. Y debemos brindar un lugar donde pueden aislarse sin problemas.

Por lo expuesto previamente, no podemos darnos “el lujo” de cuarentenas rígidas y totales, pero sí podemos tomar medidas inteligentes, focalizadas y, sobre todo, efectivas.

Otra condición fundamental, a la que me referí la semana pasada, es que se preserven los empleos y las empresas. Cualquier política no será efectiva si no damos certezas sobre la continuidad de las fuentes primarias de ingreso de los hogares.

En la medida que existan las condiciones razonables, no tendremos la “horrible disyuntiva” entre salud o economía.

Comentarios