Opinión

Salud y economía, ambas son tareas urgentes

15 de abril de 2020, 4:00 AM
15 de abril de 2020, 4:00 AM

En Bolivia comienza una nueva fase de cuarentena. Por lo menos 15 días adicionales en los que se espera el peor momento del contagio, de acuerdo con las autoridades de salud del país. Esto significa que será un nuevo tiempo de parálisis económica, salvo algunos sectores, y el creciente peligro de despidos cuando el país vuelva a buscar la normalidad de sus actividades.

Lo cierto es que Bolivia no será la misma, como tampoco lo será el planeta. Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional dieron a conocer sus previsiones de crecimiento para las economías del mundo. En el caso de Bolivia, el BM anticipa que este año se producirá un decrecimiento de más de tres puntos; el FMI también anticipa una drástica caída y además deja claro que el nivel de desempleo se va a duplicar. Igual o peor perspectiva hay para todos los países del continente y del mundo. Esa es la primera consecuencia no sanitaria del coronavirus y nadie se salva de sus efectos.

La ampliación de la cuarentena viene acompañada de algunas medidas económicas que buscan paliar el efecto de esta parálisis para los sectores más empobrecidos, los que realmente no tienen el dinero suficiente para comprar lo básico en su hogar. Ya la presidenta ha dado a conocer tres bonos: el de la canasta familiar, de Bs 400, para ancianos que no tienen pensión de jubilación y que cobran la Renta Dignidad; para personas con capacidades diferentes y para mujeres embarazadas o madres de niños menores a un año. El otro bono se llama familia y consiste en la asignación de Bs 500 a los estudiantes desde el nivel inicial hasta el bachillerato; de inmediato para los alumnos de establecimientos fiscales y desde mayo para los que estudian en colegios privados. El tercer bono es de Bs 500 para las personas a las que no se llega con ninguno de los beneficios ya mencionados.

Adicionalmente, se ha dispuesto que se otorgue créditos blandos para las empresas privadas, a fin de que ese dinero permita pagar sueldos; sin embargo, se entiende que los montos se limitan a dos salarios básicos por cada dependiente y que el dinero debe ser pagado en un año y medio. Por otro lado, se habilita un fondo de Bs 1.500 millones para dar créditos a micro, pequeñas y medianas empresas, a fin de que puedan operar. Son préstamos a cinco años y con uno de gracia.

Pero la situación del empresariado es mucho más compleja. En contrapartida se sabe de una encuesta de la Cámara Nacional de Industrias que señala que el 60% de las empresas tuvieron una reducción de sus ingresos en un 70% y que un 17% de estas entidades no podrá reanudar operaciones después de la cuarentena. Lo más grave por el impacto social es que alrededor del 80% considera despedir personal por la carencia de ingresos.

El panorama es demasiado complejo. Hay una demanda del sector privado de medidas osadas y urgentes de parte del Gobierno, pero esta aún no ha sido respondida por las autoridades del Estado. Por la complejidad de las decisiones, el poder debe convocar a los generadores de riqueza y a los trabajadores para hablar, buscar acuerdos y dar soluciones a este momento tan difícil. 

La cuarentena es imprescindible por el peligro de mayores contagios, pero también es urgente proyectar las soluciones para la economía nacional. Ambas tareas son fundamentales. Bolivia está en un túnel y aún no se ve la luz de la salida.