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24 de octubre de 2017, 4:00 AM
24 de octubre de 2017, 4:00 AM

Mariano Baptista Gumucio es el dueño de la frase que encabeza esta crónica. La publicó en 1972 y la acompañó de un apotegma: “Siempre consideré que la escuela es un gheto donde se encierra a los niños por 12 años dentro de parámetros, horarios y programas cargados de monotonía absoluta.”
Mariano, al dejarnos semejante reto con plena vigencia, debemos aumentarle los que nacen de la globalización, la internet y la competitividad, de las personas y de los Estados. No estamos digiriendo todavía lo que es la conectividad, la innovación, la globalización de la información, el conocimiento y la sabiduría, todo eso como viene, ¡junto!

Unas declaraciones poco felices del presidente Morales en las que arremete sin sosiego de manera indistinta y por igual, ha señalado que algunas universidades públicas son centros de perversión y las universidades privadas deben cerrarse. Si esto fuese cierto, tendríamos que reprogramar responsabilidades y recursos para no quedar, formalmente, sin ciencia, tecnología, investigación e innovación. Lo sospechoso ha sido el silencio comprensible de los interpelados.

Y se nos abalanza la pregunta lógica. ¿cómo podemos ser un país abierto al mundo, creativo, tolerante, competitivo, innovador, productivo, conectado, si nuestro sistema educativo en sus diferentes niveles no lo es?

Escuché al presidente del Colegio Mayor San Lorenzo, Ismael Serrate, en unas jornadas que organizaron por la visita de pedagogos del grupo Mercadona, que las encuestas entre los niños sobre a quién admiran, nombran a sus padres y que cuando crecen, señalan a futbolistas, artistas, cantantes... Entonces, además de los aspectos educativos básicos, aparece la familia con la misma pregunta, ¿estamos logrando desarrollar dentro de ella las categorías de apertura al mundo, creatividad, tolerancia, competitividad, innovación, productividad, conectividad...?

Tengo la sensación de que el sistema está preocupado de los discursos y de construir aulas y que si todos no tomamos un papel más activo, los 12 años de estudio formal seguirán sin servir de mucho a la hora de desarrollar instrumentos de adaptación a los cambios que se producen en nuestro entorno y el mundo. A lo dicho por Mariano, la información está en internet y los estudiantes aventajados van más adelante que el currículo, aburriéndose en clases memóricas, irreflexivas y carentes de practicidad. 

La Participación Popular propuso al ciudadano por encima del gremio, se avanzó pero no se llegó a superar un modo de organización que venía ancestral, como autoritario y centralista, consolidado en torno a la informalidad, el corporativismo y la sociedad del mutuo socorro. Ese modo es cómodo 
para la corrupción y el espíritu de algunos autócratas. Y la educación, sin darnos cuenta, los está fomentando. 

Necesitamos ciudadanos y millennials críticos. Será parte de otro diálogo.

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