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OPINIÓN

¡San Roque, amarra tu perrito!

Oso Mier 21/8/2020 03:00

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Antes, cuando un perro callejero con ojitos de pocos amigos te husmeaba las choquezuelas, exclamabas “¡San Roque, amarra a tu perrito!” entonces el canino 4x4, dejaba de olerte, no te mordía y seguía su camino.

En el San Roque anterior, hace exactamente un año atrás, mi primer ruego empezó para que el fuego en nuestras selvas no borre del mapa a la Chiquitania. Desde ese día a la fecha han transcurrido 365 días de tanta preocupación y amargura en nuestro pueblo que fueron como las maldiciones que, todo enojado, Moisés (Charlton Heston) le hizo al faraón (Yul Brinner) para lanzar sus jodidísimas maldiciones que pusieron en jaque a Egipto. Fue como la COB bloqueando, pero en siete cuotas complicadas, que obligaron al faraón a abrir la puerta a los hebreos para que se vayan con la música a otra parte, a buscar la Tierra Prometida.

Cuando la lluvia milagrosa empezaba a aplacar los incendios, sufrimos durante 21 días la experiencia de tener un país paralizado con pititas en la calle, para forzar la salida de quien hizo chanchullo en las urnas para perpetuarse en el poder. Estuvimos al borde del abismo pero bajo la interrogante de “¿Y voj, cuya hija sos?” apareció de las playas desiertas del Beni la transitoria inquilina del Palacio Quemado que despertó un soplo de alivio, que duró poco tiempo, porque la dama, sin querer queriendo, dio un coletazo de caimán al tablero político porque dijo ¡yo más, sin el MAS!, para meterse en la pugna electoral.
En un periodo de nueve meses se puso de moda palaciega un jueguito muy divertido para unos, catastrófico para pocos. La nueva plaga se llamó: “Este ministro se quema o no se quema”. Un desfile de bienvenidas y despidos a fusibles y redentores que era, como el Barcelona, cayéndose a pedazos cuando los alemanes los ahogaron a goles.

Pero eso no es todo, la otra maldición, si vale el término, fue de verdad. La pandemia que uniformó a todo el orbe con la consigna de matar a miles de miles de personas y contagiar a millones de habitantes de todo el mundo.
Pobres, sin camas, ni medicamentos ni vacunas y con cementerios colmados se sumaron las lluvias y temperaturas bajas, que nos metieron bajo la cama con un invierno desubicado en el tiempo.

Fue y es grave, pero en Bolivia las tragedias griegas son un piojo tuerto. Acá, Caín utiliza su quijada de burro para matar a Abel. Había que agravar la situación. Hacer un bloqueo de caminos, paralizar a un país tan jodido como el nuestro, en un estrangulamiento de la gran siete. Ese fue el binomio que eligió la insensatez. “La COB y el Corona unidos, jamás serán vencidos”. 

Así entre males y maldiciones, transcurrió un año. Solo falta que haya una Ley para amnistiar a los perversos. Esa no sería ya una maldición. Sería una anécdota para reírnos de un mal chiste legislativo. Para no amargarles la vida, no está en esta lista, las elecciones.