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La tierra de la esperanza está de fiesta. A pesar de la crisis económica y de estar en el punto neurálgico de la pugna política nacional, el departamento de Santa Cruz ya comenzó a celebrar su efeméride cívica. Y lo hace, como sabe, con trabajo, con alegría y con cifras económicas que ilusionan a todos los bolivianos, por eso desde lejos se ve al suelo cruceño como la promesa de mejores días.

Santa Cruz tiene un modelo de desarrollo que busca ser emulado en otras regiones del país. Su economía no depende mayoritariamente del Estado y eso le da un enorme potencial. Por eso, la locomotora cruceña viene creciendo a un ritmo superior que la economía nacional desde hace varios años.

En la década de los 50, los cruceños supieron que no podían ni debían esperar que el gobierno central les dote de servicios básicos y por eso ingeniaron el modo de atender las necesidades con el propio esfuerzo. Ahora, el puntal regional está en la agropecuaria, en la que participan grandes industrias, así como medianos y pequeños productores. Ahora mismo, y también durante el peor momento de la pandemia, este sector sostuvo la economía pues fue uno de los pocos que logró crecimiento, frente a una caída en todos los otros ámbitos.

Santa Cruz es la tierra de la esperanza y lo demuestran las cifras. Cada año llegan alrededor de 13.000 personas a vivir a este departamento, con una migración superior al 2%. Llegan desde otras regiones del país y desde otras naciones. También se registra un importante traslado de empresas.

La población cruceña es joven. Siete de cada 10 habitantes tienen menos de 40 años. El bono demográfico es importante, porque la mayoría poblacional está o estará muy pronto en edad de trabajar. Otro factor importante es la iniciativa privada para producir riqueza, es mayoritaria en la matriz económica regional. No faltan los migrantes que dicen que en Santa Cruz hasta el agua endulzada encuentra mercado.

Eso somos y por supuesto que nos sentimos orgullosos. Por eso, los hombres y mujeres de esta tierra son de mirada y palabra franca, sin dobleces. Por eso mismo, Santa Cruz reivindica la libertad.

La locomotora avanza a pesar de las piedras que le ponen en el camino. Por ejemplo, llama la atención el deplorable estado de las carreteras, salvo el corredor bioceánico que quizás no está deteriorado porque es nuevo. No se logra entender que la región desde donde salen los alimentos para todo el país tenga las vías en pésimas condiciones, en comparación con lo que ocurre con caminos de otros departamentos del país. Por otro lado, a pesar de ser la mayor región receptora de migración, a Santa Cruz le toca reclamar ítems para salud, ítems para educación, pacto fiscal que permita recibir lo que le corresponde en coparticipación tributaria y no la baja suma que se le otorga desde el último censo, a pesar de los compromisos de hacer encuestas intercensales y de compensar el esfuerzo que significa tener los brazos abiertos para recibir la migración.

Si algo hay que lamentar, es que el estado central castigue a esta región porque su gobernador es de otro partido político o porque es opositor al jefe masista, Evo Morales.

Santa Cruz es el pilar de la economía nacional en este momento, guste o no guste al centralismo. Y, por tanto, merece una mejor y mayor atención, de manera que no se postergue la atención de sus principales necesidades en una guerra política absurda que lo único que hace es maltratar a sus ciudadanos, ya que los oriundos y los que llegaron, encuentran que en esta tierra hospitalaria está la esperanza de mejores días.

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