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17 de octubre de 2017, 4:00 AM
17 de octubre de 2017, 4:00 AM

Un concejal gremialista declaraba con orgullo que el 20% del presupuesto del gobierno municipal estaba destinado al tema mercados. Es obvio y comprensible que en nuestra ciudad los distintos grupos corporativos peleen cada uno por lo suyo. 

Lo que se hace cada día más difícil de comprender es hacia dónde vamos como ciudad, pues nuestros grandes objetivos son cada vez más confusos. Ya no compartimos un proyecto colectivo de futuro. Me explico:

En los años 60 había un proyecto colectivo compartido por todos, hacer de Santa Cruz una verdadera ciudad, con agua potable, alcantarillado, pavimento, etc. Se peleó por ello y lo logramos.

En los años 80 se presenta una gran crisis de crecimiento: Cordecruz se va a las provincias y la ciudad queda sin recursos para crecer, pues queda en manos de una Alcaldía pobre y centralizada. Son 10 años de parálisis urbana: No se pavimenta, ni se construyen drenajes ni parques, pues no hay recursos. Fue nuestra década perdida.

Sin embargo, dos hechos importantes nos sacan del estancamiento: la reforma tributaria, que en 1985 asigna recursos a los municipios, y la ley 1551, que crea la coparticipación tributaria. Es el equipo del MNR, con Percy Fernández como alcalde, que en 1990 con el ‘nuevo modelo municipal’ crea el nuevo paradigma, ajustado a la situación de parálisis: una alcaldía ejecutora de obras, sobre todo pavimentación; y, posteriormente, con la ley 1551 una alcaldía constructora de equipamiento social, como lo mandaba la ley 1551. Ese ciclo también se ha cumplido. Se pavimenta y se construye equipamiento, aunque ya sin claras prioridades, sin nuevos diseños, sin entusiasmo; en muchos casos, solo porque rinde políticamente. Peyorativamente, este ciclo común a muchas ciudades se llama el obrismo.

Se entra así al ciclo actual, “de la ciudad que no funciona”, en el que se plantea que más allá de las siempre necesarias obras se exige un entorno urbano que apoye de forma más directa al desarrollo humano, la construcción de ciudadanía y una mayor calidad de vida.

Las ciudades son seres vivos y por tanto evolucionan y necesitan ser acompañadas por gestiones que deben saber interpretar los cambios. Repetirse es morir.

Y son ya muchos años que Santa Cruz persiste en la repetición y tratando infructuosamente de ignorar los nuevos problemas, que requerirían una reingeniería total de la gestión municipal y de las ideas que tenemos de la ciudad.

Y así volvemos a nuestro tema de los gremiales y los mercados: más allá de atender problemas reales de asentamientos callejeros y de sus incendios, dolorosos por cierto, no creemos que una de las funciones principales de un gobierno municipal sea promover más aún el comercio minorista. Más allá de atender coyunturas y solo de esos sectores, deberíamos visualizar acciones e inversiones para que esos miles de ciudadanos tengan alternativas y puedan dedicase a actividades más productivas y necesarias. Invertir enormes sumas en nuevos mercados cada vez que los callejeros se incendian es de nunca acabar y lo único que hacemos es ratificar que somos una ciudad que promueve el comercio callejero, invierte en ello y no en otras actividades productivas. 

Y aquí es donde vuelvo a mi concepto de la necesidad de un nuevo proyecto colectivo, que ya no puede ser el de las obras a como dé lugar, menos aún el de un gobierno municipal débil y asediado por intereses corporativos. Es urgente un nuevo proyecto colectivo ¿o preferimos estar – literalmente - de bomberos apagando incendios?

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