Opinión

Santa Cruz, collificado

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22 de agosto de 2017, 4:00 AM
22 de agosto de 2017, 4:00 AM

A diferencia de algunos fundamentalistas ‘comecollas’ en trance crepuscular, hay que ser realistas, tragarse el orgullo y reconocer el éxito alcanzado por migrantes procedentes de la parte occidental del país que han llegado para quedarse; están en todas partes y se les augura un gran porvenir. Según datos estadísticos, se contabilizan en un millón los migrantes asentados en el Plan Tres Mil, Villa Primero de Mayo, Pampa de la Isla y otros distritos, lugares donde el cruceño auténtico es una especie en ‘vías de extinción’.

Este proceso de ‘collificación' (“turbión invasor del claro manantial”, según metáfora de Gabriel René Moreno, tachado de racista), que algunos historiadores cruceños prefieren suavizar bajo el eufemismo de ‘aculturación’, tiene antecedentes remotos. Algunos autodidactas –que no forman parte del círculo de historiadores consagrados, pero que hacen una interpretación libre de la historiografía existente sobre la materia- consideran que el primer contingente de quechuas y aimaras fue reclutado por Ñuflo de Chaves en su viaje de regreso de Lima, y a su paso obligado por la ciudad colonial de La Plata (Charcas). Si esta hipótesis llegara a confirmarse, habría que considerarlos como cruceños originarios por el hecho, nada fortuito, de haber figurado entre los cofundadores de Santa Cruz la Vieja en 1561.
Pero no hay duda alguna de que este elemento humano fue clave en la fundación de San Lorenzo del Real, ciudad nueva a la que migraron los cruceños por razones de supervivencia en 1622, dejando abandonada aquella ciudad a su triste suerte por la imprevisión que se tuvo de fundarla “lejos de cualquier lugar”. Como faltaron brazos para seguir con el imaginario de “poblar y desencantar la tierra”, fueron los propios cruceños (la élite pensante) quienes propiciaron lo que posteriormente dio en llamarse “la marcha hacia el oriente”, al proponer, Memorándum de 1904, que “los elementos étnicos de la nación se reúnan y anastomosen para que todos contribuyan aunados a su engrandecimiento”. La anastomosis se concretó a través del Plan Bohan, siguió bajo el Gobierno del MNR y alcanzó su cota más alta con la conquista de las regalías del 11%, y no hay forma de revertir el proceso, ni siquiera con la quema inoficiosa de la wiphala, la supuesta bandera de guerra de los collas.

Consecuentemente, a los descendientes de los cruceños que en el pasado se apropiaron de San Lorenzo del Real y hasta le cambiaron el nombre, les puede acontecer lo mismo (que le hagan gataparida), por cuanto los migrantes no están aquí para compartir nuestro espacio sociocultural, sino para construir uno propio, y nos los hacen saber todos los días.  

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