Opinión

Santa Cruz, conmocionada

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14 de julio de 2017, 4:00 AM
14 de julio de 2017, 4:00 AM

Un nuevo ataque delictivo ha dañado el corazón mismo de Santa Cruz de la Sierra. Los mafiosos escogieron nada menos que el inicio de un jueves laboral para clavar una puñalada en las céntricas avenidas Irala y Velarde, donde funcionan establecimientos que aglutinan la peculiar pujanza empresarial cruceña, frágilmente protegida por las instituciones que ofrecen seguridad ciudadana sin la constancia y la eficiencia que necesita la locomotora económica de Bolivia. 

En los edificios  de la zona atacada por cuatro delincuentes, presuntamente vinculados al temible Primer Comando Capital de Brasil, atienden importantes bancos, famosas clínicas, atractivos restaurantes y tradicionales colegios, no siempre adecuadamente custodiados ni vigilados para disuadir a los mafiosos, que seguro conocen esta debilidad. En el local atacado ayer trabajaban profesionales jóvenes y capaces como Lorena Tórrez, otra valiosa cruceña que pierde la vida en manos de delincuentes. La gente la llora, como también lamenta la pérdida del teniente que acudió a frenar a los asaltantes abatidos en el tiroteo. 

No hemos terminado todos aún de salir de la conmoción y la zozobra de un jueves negro, pero ya han aparecido las justificaciones y los reproches de siempre. La Policía ha sido felicitada por el Gobierno después del resultado de los atracadores muertos, en medio de algunas feroces críticas ciudadanas a procedimientos en la operación. Es cierto que esta vez una reacción policial rápida truncó un atraco de peligrosos mafiosos, pero también hay cuestionamientos por la muerte de una rehén y por los riesgos que corrieron otros civiles durante el sangriento tiroteo. 

Como en anteriores tragedias, han vuelto los reclamos ciudadanos y las promesas de sus autoridades. Se pide más uniformados que vigilen la ciudad, patrullaje más constante, controles fronterizos eficientes y una Policía tecnológicamente mejor dotada. La respuesta de los que nos gobiernan es similar a la de otras veces. Habrá más patrullaje, se reforzará la Policía y se pedirá a Migración un registro más efectivo de los extranjeros que entran por las fronteras. ¿Podemos dormir tranquilos con las promesas? Definitivamente todavía no.  

La inseguridad ciudadana merece respuestas más contundentes, convincentes y sostenibles, en una urbe en el que el 58% de sus pobladores teme ser víctima de un delito en los próximos 12 meses, según una reciente encuesta de Captura Consulting. Hay miedo en una Santa Cruz que no cuenta aún con un sistema de seguridad a la altura de su empuje, su crecimiento y sus grandes necesidades 

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