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Santa Cruz puede salir del Covid-19. ¿Cómo no? Si desde esta tierra de iniciativas se logró consolidar las regalías del 11% para todo el país; desde aquí se consiguió la elección de prefectos, la autonomía (que, aunque no se cumple como se deseaba, ya existe y solo falta desarrollarla); en Santa Cruz tomó fuerza la ‘revolución de las pititas’ que logró el respeto a una verdadera democracia y la salida de un presidente que había burlado la buena fe de los bolivianos. Ahora, a este departamento le toca enfrentar uno de los retos más importantes de su historia, una lucha certera y triunfante contra la pandemia del coronavirus.

Históricamente, Santa Cruz fue un departamento marginado por la visión centralista de los gobernantes. Esa realidad no ha cambiado y aún se nota cuando se entregan respiradores o contratos para el personal de salud pensando más en el cálculo político que en la realidad de los habitantes de esta región, que es la más poblada del país, la que recibe la mayor cuota de migración desde otros departamentos y ahora también la que más contagios de Covid-19 registra entre sus pobladores.

La iniciativa de replantear la lucha contra el Covid-19 ha surgido en las filas del Comité pro Santa Cruz y también de uno de sus past presidentes, el doctor Carlos Dabdoub. La fórmula que se plantea no es compleja y se trata de generar la unidad de todas las instituciones, las del Estado y las de la sociedad civil, para elaborar un plan estratégico e implementarlo con el compromiso mancomunado. La base del planteamiento es el ejemplo de Guayaquil, donde se decidió dejar a un lado la dependencia del Gobierno central para comenzar a trabajar a escala local con el objetivo de acabar con la pandemia que estaba matando a 460 personas cada día en el peor de sus momentos, habiendo logrado como resultado que las muertes se reduzcan a casi cero y que los pacientes sean atendidos en sus casas o que reciban recursos para contenerse y no exponerse al contagio.

Esta cruzada es titánica y demanda un solo requisito: el compromiso con el único fin de sacar a Santa Cruz del ciclo exponencial de contagios. Hasta el viernes se contaron 10.536 casos de coronavirus en el departamento y las muertes llegaban a 265. La estrategia de declarar una cuarentena rígida, que no se cumple como tal, no es suficiente. Los esfuerzos aislados para hacer rastrillaje de personas infectadas no alcanzan; la espera de que el Gobierno central entregue respiradores causa desesperanza. Ha llegado la hora de provocar un cambio y tomar las riendas de la lucha contra la pandemia.

Es urgente que los gobiernos departamental y municipales convoquen a las organizaciones de la sociedad civil para diseñar un plan estratégico, con la grandeza y el desprendimiento de ser capaces de abrir la mente y aceptar nuevas voces, con otras miradas novedosas y expertas en este momento de emergencia. El rol de la empresa privada es fundamental porque Santa Cruz necesita recursos (no puede seguir con el brazo extendido a la espera de que el centralismo le conceda lo que necesita), hacen falta respiradores, medicamentos, fondos para que sean legiones de médicos las que recorran los barrios en busca de pacientes, con la capacidad de atenderlos en sus casas y darles la atención que precisan, a fin de no colapsar los hospitales.

Organizaciones de base, como juntas vecinales, sindicatos de gremialistas y otros dirigentes tienen un rol crucial para organizar y contener a la gente; para que las medidas de contención sean reales y no simples enunciados que nadie cumple. Los profesionales de todas las disciplinas, especialmente las científicas, tienen mucho que aportar, porque es necesario monitorear la pandemia y reconducir los esfuerzos en cuanto se detecten las necesidades. Los medios de comunicación son cruciales en tiempos de noticias falsas, para orientar y dar esperanza. Las universidades pueden ser los centros de estudio, vigilancia y seguimiento al rumbo de la lucha.

En suma, es tiempo de dejar de lamentar la circunstancia y asumir el protagonismo de la lucha. Hasta aquí hay mucho dolor que no puede seguir acumulándose. La iniciativa de unir esfuerzos y mancomunarlos en base a un plan estratégico puede marcar la diferencia entre seguir cayendo por el despeñadero o resurgir del fondo del problema. Hay que hacerlo. No hay peor gestión que la que no se encara. Y Santa Cruz sabe de estas luchas más que nadie. El compromiso y el desapego de afanes personalistas y políticos serán fundamentales para lograr el éxito que se requiere.