Escucha esta nota aquí


El presidente Luis Arce llegó a Santa Cruz después del paro general de nueve días y participó en un acto político en el Plan 3.000, donde tuvo expresiones polémicas que podrían entenderse como un elogio de la violencia y de ofensa a Santa Cruz de la Sierra.

“Quiero valorar a nuestros hermanos del Plan 3.000 que resistieron, mostraron al mundo y al país que en el seno mismo del fascismo se puede resistir a la derecha”, fueron las palabras del presidente.

El fascismo fue una ideología, un movimiento, un fenómeno de carácter político y social, de finales del siglo XIX y principios del siglo XX con la irrupción del socialista Benito Mussolini en Italia, máximo líder y emblema del fascismo en la Europa de aquellos años.

Fascistas eran quienes seguían al Partido Nacional Fascista fundado en Italia en 1921, y sus seguidores derivados; a saber, el Partido Nacional Socialista Alemán de Adolf Hitler y la Falange Española, principalmente.

Si algunos rasgos distinguen al fascismo de otras ideologías son la comprensión de la guerra como la ruta para hacer crecer un país, el interés de la nación por encima del individuo, el uso del recurso de la violencia, la promoción de una economía autárquica (cuando un Estado se autoabastece con sus propios recursos y evita las importaciones), y la defensa de una organización corporativa de la sociedad. Los líderes del fascismo se caracterizan por su personalismo (populismo, se diría hoy), el militarismo y el corporativismo.

Para simplificar y casi esquematizar su comprensión, la Real Academia de la lengua Española (RAE) define al fascismo como un movimiento político y social de carácter totalitario y antidemocrático que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista.

Deducirá por su cuenta el lector a qué lideres y partidos se acercan mejor las definiciones, aunque en rigor hoy en el mundo entero no hay un país donde concurran los elementos que dieron origen al genuino fascismo.

Cuando se califica a alguien de “fascista” casi siempre es parte del exceso verbal de quien intenta descalificar al adversario político por la vía rápida de la adjetivación. Suele ser común en el discurso político bajo, ese que viene plagado de vituperios y hasta insultos de índole personal.

Dicho por el presidente de un Estado, la expresión cobra otra relevancia. No es un militante cualquiera, ni un jefe político, sino la primera autoridad política de un país la que dice eso de una de las regiones de la que él mismo es el primer mandatario. No es poca cosa.

En sentido más específico, sus palabras parecen confirmar esa suerte de desprecio con que su gobierno, y el de Evo Morales en el pasado, miran a Santa Cruz porque es una región que no lograron conquistar y que le provoca los mayores dolores de cabeza, como en los históricos 21 días de 2019 que forzaron la renuncia de Morales o el reciente paro de 9 días que consiguió la abrogación de una ley de la que Arce se aferraba con todo.

Por último, el elogio de los actos violentos de “los hermanos del Plan 3.000” es un reconocimiento de que la nueva estrategia gubernamental para enfrentar las protestas es mandar a ciudadanos civiles a enfrentar a otros iguales. Es decir, lejos de condenar la violencia, como tendría que hacer un jefe de Estado sensato y correcto, el presidente Arce hizo un elogio del uso de la fuerza, del enfrentamiento, de la aparición de heridos. Con ese aliento, la próxima vez, esos grupos saldrán con más ganas a sembrar violencia. Ya tenían la protección de la Policía; ahora cuentan también con la bendición oficial y pública del presidente.



Comentarios