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Cuando comienza un nuevo año es muy recomendable y necesario hacer una pausa en el camino para trazar el destino que se quiere construir y no dejar que otros vayan diseñando la ruta en función de intereses que no son precisamente los del bienestar para esta región. Es la tarea que les toca a los cruceños (los que nacieron en esta tierra y los que llegaron con la esperanza de mejores días).

Bolivia sabe que en la impronta de los cruceños están los valores de la libertad y la democracia y que estos no tienen que ver con caudillos sino con la herencia de tantas luchas a lo largo de su historia. Santa Cruz se ha hecho a sí misma ante el olvido histórico del Estado y ahora ante el embate de un Gobierno que se empeña en robarle el alma y someterla, imponiendo un modelo económico y cultural.

Las últimas muestras de ese ataque sistemático buscan calificar al cruceño como “corrupto”, debido a escándalos destapados en las últimas semanas. No hay duda de que tales hechos deben investigarse y castigarse con todo el rigor de la ley, pero eso no da derecho a nadie a hacer generalizaciones sobre las características del habitante de esta tierra. Empero, es tan ruidoso el embate, que logra entretener a gran parte de la opinión pública con sus argumentos y así se va olvidando lo esencial, que es pensar en el porvenir de este departamento que, a la larga, marca también el porvenir del país. No hay que olvidar que las luchas cruceñas redundaron en beneficios para los nueve departamentos: regalías petroleras, descentralización administrativa, elección de prefectos y finalmente autonomía.

Según indicadores internacionales, Santa Cruz de la Sierra es una de las capitales con mayor índice de crecimiento, tiene un bono demográfico envidiable, en sus campos se produce lo suficiente como para alimentar al país y además sobra para exportar. El desarrollo empresarial e industrial tienen un gran potencial de generación de riqueza, que redunda en empleo, en calidad de vida y calidad de empleo. Sin embargo, el gobierno va dando golpes sistemáticos para derrumbar lo que Santa Cruz es. Límites para el desarrollo económico (porque le molesta que aquí esté la locomotora, el MAS la quiere en el Estado donde solo se han conseguido entidades deficitarias). No solo eso, genera tanta inseguridad jurídica en la producción agropecuaria que hay unas 70 industrias que están migrando a otros países.

También hay un ataque sostenido a la autoestima. El Gobierno nacional no se cansa de generalizar: oligarcas, separatistas, corruptos, etc. Tiene un plan de colonización del departamento en el que participan los avasalladores de tierras que, con aval del INRA y del Ministerio de Desarrollo Rural ingresan a predios productivos para expulsar a quienes los trabajan y no dudan en atacar y desplazar a los pueblos indígenas del oriente, a quienes también se les pretende robar su cultura para imponer otras, respetables, pero ajenas.

Ante ese panorama, es preciso reflexionar y no solo reaccionar. Bien decía el cruceño Rolando Schrupp en el programa Influyentes de EL DEBER Radio, que ante una política que busca sembrar odio, es preciso construir desde el amor a esta tierra, desde valorar lo que enorgullece a sus habitantes. Y ahí surgen principios fundamentales que hacen a la esencia del cruceño: la solidaridad, la capacidad de emprender, la resiliencia, la organización desde la sociedad civil, la alegría, la capacidad de mirar el futuro sin complejos y muchos otros.

Toca ser muy inteligente para no dejarse llevar por los relatos que buscan mellar la impronta de quienes viven en esta región. Es preciso ser audaz para avanzar a pesar de las zancadillas. Ya Santa Cruz lo hizo en el pasado y sabe cómo hacerlo.

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