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El presidente de Bolivia estuvo en Santa Cruz durante la llamada Cumbre Productiva, que se realizó el viernes y el sábado. En su discurso puso énfasis en que había bajado el Producto Interno Bruto per cápita, que había subido el desempleo, remarcó su reprobación a que esta región estaba importando alimentos y que sus exportaciones estaban concentradas en la soya y en los hidrocarburos. Hay que saludar que el gobernante se refiera por fin al desarrollo cruceño, pero también es necesario hacer precisiones que fueron soslayadas, como la vocación productiva de Santa Cruz y el hecho de que su aporte al PIB nacional es casi de un tercio del total, lo que atrae la migración y las iniciativas privadas.

Hay que recordarle al gobierno nacional que la pujanza cruceña, que deja resultados que benefician a todo el país, se da a pesar de las políticas gubernamentales. El gobierno ha impuesto cupos a las exportaciones de la soya y sus derivados, en un momento en que los precios internacionales están altos, lo que podría redundar en mejores ingresos para el país, y en la consolidación de nuevos mercados. También hay límites a la venta externa de carne, cuando las puertas se estaban abriendo para este producto. Es como impedir el crecimiento de una persona y después reclamarle que tenga baja estatura.

Los mercados cruceños y los de todo el país están llenos de alimentos importados, pero no es porque no se produzcan en Santa Cruz o en Bolivia, sino porque el contrabando está descontrolado, con mafias organizadas que no son combatidas como es debido. Esta actividad ilegal está matando al sector agropecuario y las iniciativas estatales para frenarla son tibias.
El ministro de Economía cuestiona que los empresarios no han presentado un proyecto de reactivación al gobierno, pero ni el presidente ni su gabinete han generado espacios de diálogo para construir en conjunto una salida a la crisis económica que afecta al mundo entero después de la pandemia.

En ese marco, otro hecho llamativo es que la llamada cumbre productiva convocó a movimientos sociales, pequeños productores, trabajadores, etc., pero no tomó en cuenta a la industria cruceña. No se los invitó al evento y encima se los critica por no presentar propuestas. Parece contradictorio y sesgado.

El departamento de Santa Cruz es, es en este momento, el más afectado por la inseguridad jurídica de la tierra. Hay una dotación de títulos a sindicatos afines al MAS, pero se niega el mismo beneficio a los lugareños, mientras hay un proceso de desplazamiento de los pueblos originarios de tierras bajas. En esas condiciones, el presidente dice que hay que aumentar la producción. A pesar de esas circunstancias, también hay que recordarle al mandatario que el sector agropecuario y agroindustrial crecieron durante los momentos más duros de la pandemia, a diferencia de otros como el de los hidrocarburos.

Sobre esa realidad, que debe ser conocida por el mandatario, él plantea diversificar la producción agropecuaria. Puso como ejemplo dedicarse al maní o a las frutas. Y no está mal, pero para hacerlo y garantizar rentabilidad a los productores, también es preciso consolidar mercados internacionales para asegurar la exportación, de manera que la propuesta no sea una intención romántica de lo que se podría o se quisiera. ¿Tienen acaso las embajadas de Bolivia en el mundo a encargados de negocios capaces de tal misión? Si es así, deberían presentar resultados.

El presidente propone industrializar Santa Cruz. Y eso está muy bien. Pero ya es tiempo de que el gobierno asuma un trabajo real con todos los productores del departamento. En esta tierra es muy importante la iniciativa privada pequeña, mediana y grande. Hay que dialogar con todos si de verdad se pretende apostar por un desarrollo integral.

Le guste o no al gobierno del MAS, Santa Cruz tiene mayoritaria iniciativa privada y con ella es que es la locomotora económica del país. Seguir desconociendo esta realidad solo va a sumergir a Bolivia en un estancamiento en la crisis, mientras los países vecinos duplican el ritmo de crecimiento de su economía.

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