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Comienza el mes de Santa Cruz. Septiembre es un tiempo de esperanza, de resiliencia y de fuerza creadora. El aniversario de esta tierra fecunda coincide con la primavera, lo que es igual a renacimiento. Y es precisamente el sello que siempre imprimieron los cruceños, con su alegría, con su mirar de frente y con su capacidad de levantarse a pesar de todas las adversidades.

Rumbo al 210 aniversario de la gesta libertaria, Santa Cruz vuelve a abrir la senda por la que caminan todas las otras regiones del país, en un tiempo de golpe muy duro: la pandemia, la crisis económica y la crisis política que configuran un escenario complejo, pero no imbatible.

Santa Cruz es el departamento más golpeado por la pandemia. Se registran 40.445 casos oficialmente confirmados con pruebas PCR y son más del doble los sospechosos. Ahora lo sabemos porque, cuando todo era dolor y desesperanza, los cruceños se unieron y lograron articularse para realizar los rastrillajes casa por casa. Si bien la iniciativa ha estado comandada por el gobierno departamental y los gobiernos municipales, ha destacado el concurso de la sociedad civil a través del empresariado, los cientos de médicos y jóvenes que se presentaron como voluntarios para acompañar a las brigadas.

Cuando el hambre era una de las huellas más dolorosas, surgieron las ollas comunes y las donaciones que nunca faltan para atender una necesidad imperiosa en los barrios cruceños. Cuando la muerte abundaba en los hogares, a falta de espacios en los hospitales, también aparecieron grupos de apoyo con la voluntad y el amor como únicas armas para enterrar los cuerpos sin vida, a riesgo de contagiarse.

Ahora, esa huella de voluntad que da esperanza se está replicando en otros departamentos y hay que saludar que la impronta cruceña se irradia y va abriendo surcos.

Santa Cruz, también llamada la locomotora pujante del país, estuvo golpeada durante la pandemia. El confinamiento paralizó casi todas las actividades, pero la máquina despierta deseosa de volver a aportar, de seguir siendo uno de los pilares de la economía nacional. En tiempo de crisis mundial, el sector agropecuario continuó sus operaciones y es uno de los pocos que no tiene cifras en rojo, de acuerdo con los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadística.

A los votantes cruceños los miran con apetito los políticos de turno, porque saben que la voluntad electoral de esta tierra es determinante para elegir a las nuevas autoridades nacionales. En elecciones, el coqueteo, las promesas y los halagos a Santa Cruz son abundantes. Lamentablemente, son más los compromisos incumplidos que la verdadera atención que se requiere. Esa es una lección que ojalá hubiera sido aprendida entre los cruceños, para que, así como se dan franca y abiertamente, aprendan a cobrar lo que se les ofrece.

No hay que olvidarse que Santa Cruz, con 3,37 millones de habitantes, es el departamento más poblado, es la tierra donde la mayoría de los bolivianos quieren vivir y donde se acoge con los brazos abiertos a todos los que llegan. No obstante, a pesar de las luchas nacidas aquí, también el lugar donde mayor discriminación se ha dado a la hora de repartir los recursos. Por eso, se mantiene el déficit de ítems de salud y de educación; por eso no se materializan ninguna de las grandes obras reclamadas. Eso debe cambiar.

Ha comenzado septiembre y Santa Cruz renace como las flores en primavera. Hay muchas razones para estar preocupados, pero prevalece el espíritu guerrero y emprendedor los cruceños que saben que nunca les regalaron nada de lo que tienen, que desde las losetas y los servicios básicos, todo lo lograron a puro pulmón. Con esa misma convicción, Santa Cruz sabe que esta pandemia (uno de los golpes más duros que ha recibido) no la va a derrotar.