Santa Cruz de la Sierra ha demostrado ser una ciudad capaz de liderar, de crecer y de marcar el ritmo del desarrollo económico del país. Pero ese liderazgo nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo una ciudad a la altura de lo que somos?
El crecimiento, por sí solo, no alcanza. Una ciudad no se define únicamente por su dinamismo económico, sino por la calidad de vida que ofrece, por los espacios que genera y por el tipo de ciudadanos que forma.
Hoy, más que nunca, Santa Cruz de la Sierra enfrenta una necesidad urgente: construir una ciudad más digna, más pensante y más humana.
En ese contexto nace la Plaza del Libro, cuya inauguración se realizará este 23 de abril, Día Internacional del Libro, como una señal clara de hacia dónde queremos avanzar.
No como un proyecto ornamental, sino como una decisión. Una decisión de apostar por la cultura como eje de desarrollo. Una decisión de entender que la lectura no es un lujo, sino una herramienta de ciudadanía.
La lectura ha sido, desde siempre, un pilar silencioso del desarrollo cultural cruceño. En sus páginas se han formado generaciones, se han transmitido valores y se ha construido identidad. Santa Cruz de la Sierra no es ajena a los libros: es una ciudad que lee, que piensa y que ha sabido expresar su voz a través de la palabra.
Por eso, es también momento de reconocer a los escritores y escritoras cruceños: a quienes abrieron camino en el pasado y a quienes hoy continúan produciendo, muchas veces en condiciones adversas. Escribir en nuestro medio exige esfuerzo, persistencia y convicción, especialmente frente a desafíos como la piratería sin control, que debilita la creación y desincentiva el desarrollo cultural.
Que la Plaza del Libro se convierta, entonces, en un punto de referencia para la ciudad. Un lugar donde los autores sean visibilizados, donde las ideas circulen y donde reafirmemos algo que nos define: que en Santa Cruz de la Sierra sí se lee, y se ha leído siempre.
Desde la Fundación Cultural Benjamín: Capital de Ideas hemos asumido el compromiso de adoptar este espacio por diez años. Diez años no son un gesto simbólico: son una declaración de responsabilidad. Creemos en los procesos sostenidos, en el trabajo constante y en la necesidad de construir comunidad en el tiempo.
Pero este no es un esfuerzo que pueda sostenerse en soledad. Aquí hay un desafío claro —y es para todos—. Para los ciudadanos: dejar de ser espectadores y empezar a ser protagonistas del espacio público. Para las familias: recuperar el valor del encuentro, de la conversación, de la lectura compartida. Para las instituciones, públicas y privadas: asumir que la construcción de ciudad no es opcional, es una responsabilidad.
Santa Cruz de la Sierra ha sido vanguardista en lo económico. Hoy tiene la obligación de serlo también en lo cultural. No podemos seguir creciendo sin preguntarnos qué tipo de ciudad estamos construyendo.
No podemos conformarnos con el desarrollo si este no viene acompañado de pensamiento, de diálogo y de sentido de comunidad.
Las alianzas público-privadas no deben limitarse a obras: deben generar visión. Deben crear espacios que inspiren, que formen, que eleven el estándar de lo que esperamos como sociedad.
La Plaza del Libro es una prueba de que es posible. Pero también es una interpelación. ¿Estamos dispuestos a asumir el desafío de ser mejores ciudadanos? ¿Estamos dispuestos a construir una ciudad que no solo crezca, sino que piense?
Porque al final, el verdadero desarrollo no se mide solo en cifras. Se mide en la calidad de sus ciudadanos y en la capacidad de imaginar un futuro distinto. Santa Cruz de la Sierra tiene todo para lograrlo. La pregunta es si va a decidir hacerlo.
(*) M. Sarah Mansilla de Gutiérrez es presidente de la Fundación Cultural Benjamín: Capital de Ideas