12 de mayo de 2022, 4:00 AM
12 de mayo de 2022, 4:00 AM


Podría escribir sobre la antropofagia política que existe en Santa Cruz, cuando, en el peor momento para el país, un líder quiere comerse a otro; sobre los veinte años de la muerte del general Banzer que nos salvó, en su tiempo, de lo que estamos sufriendo ahora; sobre la vergüenza de que la Policía chilena tenga que investigar y dar con los ladrones de vehículos que se traen a Bolivia, donde se hacen los ciegos los policías nacionales, que se dicen mejores que el FBI; sobre un diputado que mira mujeres empelotas en su celular mientras en la Cámara se vota, crucialmente, la elección del Defensor del Pueblo; sobre la falta de maíz, que parece no importarle al Gobierno y tomarlo a la chunga sin calcular sus consecuencias; sobre la heroica Mariúpol y su defensa numantina deteniendo al ejército ruso; por último, hasta sobre las andanzas adúlteras de un ardiente alcalde warneño, aunque en esos temas no me meto. Eso y muchos más son asuntos que se podrían abordar en estos días.

Sin embargo, yo puedo ser un lunático, un solitario curioso, un impertinente, pero no puedo con mi carácter y no me trago fácilmente las mentiras que dice este Gobierno, ni sus gerifaltes. Y hoy escribo mi quinta nota en los periódicos impresos y en los medios virtuales, volviendo a preguntar al ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, y al embajador de Brasil, si es cierto que la expresidenta de Bolivia Jeanine Áñez y el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, mantuvieron una reunión, al parecer secreta, que debería conocerse, para que la gente no piense mal.

El ministro Del Castillo afirmó que sí hubo la reunión y que la exmandataria fue al encuentro de su colega, en Brasil, utilizando el avión presidencial. Dijo, además, que el señor Bolsonaro había tenido participación en el mentiroso “golpe de Estado” que llevó a la señora Áñez al poder. Mientras tanto, Jeanine Áñez negó tal encuentro y afirmó que había conocido a Bolsonaro a través de una teleconferencia durante la 56.ª

Cumbre del Mercosur. Los únicos que han permanecido callados, han sido los brasileños. El presidente Bolsonaro le ha echado algunas alabanzas a la señora Áñez, lamentando su prisión; pero el embajador brasileño en La Paz, Octavio Henrique Cortés, no ha abierto la boca, ha hecho mutis por el foro, seguramente temeroso de asemejarse a su intruso colega argentino en Bolivia, aunque las situaciones son absolutamente distintas.

Desde Santa Cruz, habiendo abandonado hace muchos años la diplomacia y la política, no tengo manera de enterarme de cuáles son los entresijos de este tema. No hay a quién consultar nada de lo que hoy ocurre en las alturas paceñas. Desde luego que no conozco a un solo parlamentario del MAS, pero ni en pelea de perros. Tampoco conozco a los parlamentarios de CC ni de Creemos. Es decir que de la legislatura actual no conozco a nadie a quien pudiera acercarme para preguntarle si sabe algo de esta misteriosa reunión. Y tampoco comprendo por qué los parlamentarios opositores no le han cursado una petición de informe al ministro de Gobierno y también al de Relaciones Exteriores, para que aclaren qué pasó, si hubo encuentro o no. Y si hubo, qué fue lo que se trató. No saben los opositores, las jóvenes y valientes diputadas, el favor que me harían a mí y sobre todo a los lectores si se desenmascara esta vaina.

Esto pareciera una exageración de mi parte, ganas de molestar como un moscardón en la oreja, al fósforo. No es así. Se trata de una cuestión de Estado. No es cosa de que los dos gobiernos decidan callarse y sanseacabó. Si me canso de pedir el esclarecimiento de la denuncia, que inicialmente apareció nada menos que en Página 12 de Buenos Aires, espero que haya algunos otros, periodistas o columnistas como yo, que hurguen el tema, porque este misterioso silencio indica que algo extraño ha sucedido. Ojalá que la exmandataria Áñez, ahora abusivamente sometida a los caprichos de la justicia masista, pudiera, desde su calabozo, aclararnos un poco más sobre este intríngulis.

No es cosa de que un importante ministro lance declaraciones alegremente y que cuando se le pregunte una aclaración, cierre el pico, como si nada hubiera sucedido. Tanto peor si en esas manifestaciones se involucra al presidente de una nación amiga y principal socio comercial como es Brasil.

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