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Hoy el ciudadano es dueño de la información y de cómo transmite lo que filma o graba. La cobertura de las noticias, desde las más sencillas hasta las más complejas ya no son de exclusividad de los periodistas. Los ciudadanos se han convertido en reporteros.

Muchas veces lo publicado en estas plataformas ha sido fuente inicial para una noticia en la prensa. Lo que más abunda es la información que llega desde todo el país y el planeta.

La difusión de pensamientos personales, que hacen los ciudadanos, tiene su mirada e intereses, de ahí que esta información es parcial o manipulada, no goza de credibilidad, valor que ha sostenido al periodismo.

Una de las grandes fortalezas de algunos medios de prensa que hoy son referencias y que influyen en el poder y en la sociedad, es lo realizado por EL DEBER que desde su fundación caminó esta ruta, sin que sus cimientos fueran afectados, porque se mantuvo firme en ser creíble, antes que espectacular, antes que prestarse a obedecer mandatos de grupos.

En la actualidad, este valor se pone en entredicho porque las redes sociales están minando la credibilidad del ejercicio periodístico; lo hacen porque hay grandes intereses de por medio y la facilidad con que un rumor, una noticia falsa, un hecho espectacular, un drama humano, una denuncia puede ser difundida masivamente en segundos; mucho más ahora que el país está en proceso electoral intenso. El poder se viene desnudando.

Para ello usa las redes sociales, difundiendo fotos, grabaciones de audio, imágenes, documentos confidenciales, amenazas que comprometen a un colega, a un jefe o altos mandos.

La oposición también está haciendo su juego, haciendo circular toda clase de noticias interesadas. Los poderosos se hieren entre sí.

La prensa tiene la responsabilidad de contrastar, verificar y luego informar. No es su misión el silencio, ni la manipulación ni la mentira. Debe preservar su credibilidad por encima de todo, porque la gente siempre confiará en un medio que haga periodismo responsable.

Este reto, la gran responsabilidad de mantener la credibilidad por encima de las primicias o del espectáculo, lo refrenda el gran periodista Josep Pulitzer, cuando afirma: “Cada número de periódico representa una batalla por la excelencia” y esa excelencia es credibilidad, y la credibilidad mantendrá viva y vigente y necesaria la labor de la prensa.

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