La muerte pone al ser humano en contraste. Libera de temor a detractores y destila sentimientos de admiración y afecto de amigos y familiares. Quizá así podemos entender el elegante y sorprendente discurso fúnebre cargado de reconocimiento, consideración y respeto que le dedicó Gabriel Boric a Sebastián Piñera, político al que más denostó en su ruta al poder.