Opinión

Secretos del manual de estrategias populistas

Simon Kuper - periodista Financial Times Simon Kuper - periodista Financial Times 17/3/2019 05:00

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Arthur Finkelstein, un coordinador de campañas políticas derechista de EEUU, que murió en 2017, casi nunca hablaba en público. El único rastro audible que dejó es un discurso pronunciado en 2011 en Praga. En él, predice el futuro político. La crisis económica, comentó, “parece ser mucho peor de lo que nos parece. Hay una verdadera rabia”. En todas partes, los objetivos del odio eran las minorías étnicas. En EEUU, “la rabia está dirigida hacia los mexicanos, no hacia todos los hispanos”.

Entonces, dijo, era posible que repentinamente emergieran “políticos de la nada”. Dado el desorden económico, estamos buscando que los empresarios se conviertan en líderes”, predijo. ¿Quién en particular? “No sé si alguien aquí está observando a Donald Trump en EEUU, pero es inaudito”. Finkelstein ayudó a crear el populismo. Asesoró a Nixon, Reagan y Netanyahu.

El libro de Giuliano Da Empoli, Los ingenieros del caos, cambia el enfoque hacia los estrategas populistas. Son ellos quienes han convertido los clamores populares en victorias electorales. ¿Cuáles son sus técnicas?

Davide Casaleggio, uno de los cerebros detrás del Movimiento Cinco Estrellas de Italia, dijo una vez que los viejos partidos políticos eran como Blockbuster y que los nuevos eran como Netflix. La mayoría de los partidos tradicionales, al menos hasta 2016, utilizaban técnicas del siglo XX. Hablaban en un lenguaje acartonado y evasivo. Competían por el centro político. En cambio, las influencias del populismo son del siglo XXI. Trump vino de un programa de telerrealidad. Su ‘mérito’, dice, consistía en comprender que las campañas electorales eran programas de telerrealidad “extremadamente mediocres”, “producidos por novatos, con personalidades sin vidas y actores de segundo nivel”.

Otra influencia populista fue la cultura de los videojuegos. Steve Bannon invirtió brevemente en los videojuegos en 2005. Perdió dinero, pero descubrió un vasto mundo subterráneo de jóvenes que practicaban una agresión anónima en línea. Cuando aparecieron los medios sociales, las empresas ‘startup’ populistas aprendieron sus técnicas. Igual que los programas de telerrealidad y los videojuegos, las redes sociales recompensan la participación. Si un meme se vuelve viral, los populistas lo refinan y lo utilizan ampliamente. Si no se vuelve viral, lo eliminan. Los líderes populistas y sus seguidores en los medios sociales se ‘nutren’ mutuamente en un eterno ciclo.

Los partidos populistas satisfacen la demanda política mientras acumulan datos sobre los votantes. Eso les permite dirigirse a microgrupos con mensajes que nadie más ve. Las campañas electorales se convierten en ‘guerras entre software’, escribió Da Empoli. Los partidarios llegan a sentirse participantes en lugar de espectadores. Los populistas separan la campaña de la gobernanza. Sus líderes son seleccionados no por sus habilidades para gobernar, sino estrictamente por su capacidad para impulsar la participación. Es por eso que muchos de ellos provienen de las industrias del entretenimiento.

Una ruta rápida para impulsar la participación es despertar la rabia. En las palabras de Finkelstein, “El tipo que dice: ‘Tengo un plan de siete puntos para arreglar el sistema de pensiones’ perderá frente al tipo que dice, ‘¡Sácalos! Deshazte de esa gente’”. Para Finkelstein, más importante que elegir el candidato propio era seleccionar el enemigo adecuado. El enemigo ideal es una persona o grupo que puede ser presentado como la encarnación de una variedad de males. El guión populista dice: no importa cuán plácido y seguro pueda parecer tu país, este enemigo intenta destruir tu forma de vida o incluso matarte.

El candidato populista nunca los repudia porque son sus partidarios más acérrimos y lo hacen parecer moderado en comparación. Ahora los partidos tradicionales están aprendiendo técnicas populistas. Por doquier, desde la Marcha de las Mujeres de enero de 2017, los votantes convencionales han pasado de ser espectadores a ser participantes. Y algunos nuevos políticos pueden competir, Hasta cierto punto, actualmente todos somos populistas.