Opinión

Segunda vuelta sin resultado definido

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31 de marzo de 2017, 4:00 AM
31 de marzo de 2017, 4:00 AM

Existen indicios de que el sistema político ecuatoriano está en otra fase de su desarrollo. Uno de ellos es que, a diferencia de lo que ocurría antes, el resultado de las elecciones generales que, en segunda vuelta, se llevarán a cabo este domingo es incierto. La mayoría de las democracias sólidas se caracteriza por este rasgo, a diferencia de las conocidas como democracias ‘autoritarias’, en las cuales el resultado está ‘cantado’. 

Buenos ejemplos de las primeras son Estados Unidos y varias de las democracias europeas, así como varias latinoamericanas, entre ellas Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Perú y Argentina. Muestras de las segundas son Rusia, Bolivia y Nicaragua. 

En la segunda vuelta de los comicios ecuatorianos compiten Lenín Moreno, del oficialista Alianza País, y Guillermo Lasso, de la coalición opositora Creo-SUMA. Según la última encuesta de la organización CMS Encuestadora, el 36,76% de los encuestados se inclina por el segundo y el 35,86%, por el primero. En contraste, en el sondeo de la firma Perfiles de Opinión, publicado el 12 de marzo, Moreno recibe el apoyo del 51,02% de los encuestados y Lasso, del 35,53%. Por último, según la encuesta de Cedatos, difundida el 17 de marzo, el 50,8% favorece al candidato opositor y el 49,2% al oficialista.

A pesar de que las encuestas sobre intención de voto no son pronósticos del comportamiento efectivo de los votantes, son útiles para conocer tendencias de comportamiento con base en las cuales es posible prever lo que podría ocurrir en el futuro. Con los resultados mencionados, a guisa de simple ejemplo, es casi imposible aventurar conjeturas más o menos plausibles sobre quién sucederá a Rafael Correa en el cargo de presidente de Ecuador. La incertidumbre desaparecerá recién en la noche de este domingo, cuando se hagan públicos los resultados de los trabajos de las 13 firmas autorizadas para realizar encuestas en boca de urna. 

Para los economistas, toda incertidumbre entraña riesgo y no es conveniente. Para los cientistas políticos, en cambio, la incertidumbre, sobre todo en un proceso electoral, es un signo de buena salud del correspondiente régimen democrático  

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