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Semblanza del federalismo cruceño

Carlos Dabdoub Arrien 18/10/2019 03:00

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En el último referéndum, el grito de ‘federalismo’ brotó al unísono de los labios de más de un millón de personas. Para muchos esta expresión puede ser algo nuevo, inserto en el corazón de miles de cruceños, sin embargo, una revisión a vuelo de pájaro de la historia regional y nacional demuestra que este sentimiento viene palpitando desde la fundación de Bolivia.

La conformación de un “gobierno concentrado, general y uno” según lo determinó el Congreso Constituyente de 1826, fue objetada en diferentes debates parlamentarios. El más intenso fue en 1871, cuando se confrontaron principalmente unitaristas de La Paz con federalistas de Cochabamba. La votación fue de 32 a 20, triunfando los primeros. Luego vendría la mal llamada guerra federal entre sureños y los del norte, con el triunfo del centralismo paceño.

En aquellos tiempos, Santa Cruz, el entonces diputado Tristán Roca, creador de la bandera cruceña (1864), ya esbozaba las ventajas del federalismo. Luego sería el poeta Felipe Leonor Ribera, autor de nuestro himno, quien presidió la novel “Asociación Federal” (1875), cuyo manifiesto empieza diciendo: “Los ciudadanos suscritos, hijos del Oriente y amantes de la prosperidad”. 

Años después, aparece la egregia figura de Andrés Ibáñez, que enarbolando las banderas del igualitarismo y la federación, se enfrentó al poder omnímodo del andinocentrismo. Su arenga de que “todos somos iguales”, enamoró a las mayorías y cuestionó a la élite empresarial y ricos terratenientes de entonces. La respuesta del gobierno fue inmediata. Fusilaron a Ibáñez y a varios de sus acompañantes un 1 de mayo de 1877.

La llamada revolución de Los Domingos (2 de enero de 1891), enarboló nuevamente las banderas del federalismo en Santa Cruz. Algunos meses después, la revuelta fue sofocada por el ejército boliviano, el mismo que fue autor de la masacre al pueblo chiriguano en Curuyuqui (1892). Así concluía el siglo XIX con las aspiraciones cruceñas de federalismo frustradas.

A mitad del siglo pasado, surge la bravía estampa de Carlos Valverde Barbery, que como diputado luchó por la desconcentración del poder. Consiguió que en la Constitución de 1967, se escriba un artículo que viabilice la descentralización administrativa del país mediante una ley, que nunca llegó, pese a todos los esfuerzos del Comité Cívico cruceño. Posteriormente Valverde junto a otros connotados ciudadanos, fundaría en 1987 el Movimiento Federal Democrático (MFD), que en las elecciones de aquel mismo año, consiguió un curul en el Concejo Municipal de Santa Cruz, tras obtener casi 12.000 votos. 

Fueron electos Aquiles Gómez Coca (titular) y Oscar Barbery Suárez (suplente).

En estos últimos años, han surgido nuevas propuestas en este campo. Una de ellas fue la del Comité pro Santa Cruz (2012). El último cabildo del 4 de octubre, –la concentración más numerosa sin duda alguna en la historia de Santa Cruz–, fue la mayor expresión de arrojo por el cambio del modelo de Estado boliviano, para que sea más plural, que otorgue más competencias y recursos a los departamentos y municipios, porque la centralidad actual es extrema, basta decir que el 90% de la hacienda pública lo administra el Órgano Ejecutivo, una razón de ser para generar más burocracia y mayor corrupción.

En las semanas pasadas, a este anhelo popular de Santa Cruz se han sumado otras regiones. En consecuencia, no cabe duda que el debate nacional recién empieza. Aquí ya no caben los artilugios centralistas.

 Hoy, el pueblo boliviano a viva voz reconoce que ni la autonomía ni el federalismo, rompen la unidad del país. Lo que divide a Bolivia desde su nacimiento fue y es el centralismo autoritario y corrompido de todos los tiempos.