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24 de marzo de 2017, 4:00 AM
24 de marzo de 2017, 4:00 AM

Hace unos días se dieron a conocer varias revelaciones sobre la realidad del penal más poblado del país, Palmasola, que cuenta con más de 5.000 reclusos, donde se evidencia que desde que un reo llega al penal empieza su calvario, pues se le pide sus datos, el de sus familiares, qué bienes tiene y, basado en eso, debe pagar derecho de piso. El preso es investigado y si detectan que mintió, es castigado y la suma por pagar sube; no solo le cobran por un lugar para dormir, también por el consumo de luz y agua. Así se pagan miles de dólares y quienes tienen plata viven como reyes y otros en condiciones inhumanas. Empero, si abordamos el tema del castigo y de las cárceles, es necesario analizar algunas de las teorías ‘justificacionistas’ más importantes: la enmienda y rehabilitación del preso, así como la prevención general.

La primera de ellas considera al delincuente un ente ‘desviado’, al cual es necesario volver al cauce de la ‘normalidad’ social y el encierro se transforma en una vía para someterlo a un tratamiento de rehabilitación. Por su parte, la prevención general mira más bien los efectos de la cárcel no desde el punto de vista de quien es sometido a prisión, sino de la sociedad en su conjunto. En este sentido, el preso es considerado un medio a través del cual se busca dar una señal a la sociedad, particularmente a aquellos que no han delinquido, pero se encuentran en disposición de llegar a serlo, de que se abstengan de cometer ilícitos por cuanto el daño a recibir es del todo superior a los beneficios que el delito otorga. 

Como cárcel, Palmasola contradice estos fines que se enarbolan para justificarla, ya que para quienes no tienen plata y están encerrados, particularmente su condena se materializa en condiciones inhumanas, siendo esta cárcel incapaz de reformar a quien cometió un delito y, por el contrario, lo somete a un proceso de ‘carcelización’ que no solo no inhibe, sino que acentúa la posibilidad de la reincidencia delictiva. Hoy, Palmasola ya no sirve para darnos seguridad y evitar que los demás quebranten la ley, sino que se convierte en un semillero delincuencial 

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