Edición Impresa

OPINIÓN

Sencillamente ciegos

19/6/2020 03:00

Escucha esta nota aquí

Alejandro Arana. Ingeniero comercial

El arresto y posterior cruel asesinato de George Floyd ocurrido el pasado 5 de mayo en Minneapolis, Minnesota por parte de un oficial de policía blanco encendió la chispa de multitudinarias protestas contra la brutalidad policial que se propagaron por todo los Estados Unidos y posteriormente Europa a una velocidad alarmante cual incendio social sin contener. Luego de tan terrible e inexcusable acto de barbarie y violencia, la comunidad negra levantó al unísono las banderas del racismo y discriminación. Irónicamente, las marchas y posteriores saqueos a la propiedad privada en general, que este hecho motivó, terminó con un saldo de 130 policías heridos y con uno de ellos muerto, un oficial de raza negra de St. Louis. 

Más allá de las pasiones que situaciones de esta naturaleza siempre despiertan, es importante conocer las cifras oficiales sobre la materia ya que nos entregan luces para entender la verdadera magnitud y realidad del problema. Si nos referimos a la violencia de origen policial, lo cierto es que durante el año 2019 de las 1.004 personas que murieron a manos de la policía en los EEUU, 235 fueron de raza negra y 370 blancos, es decir, un 57% más. Efectivamente, se deben tomar con cuidado estas cifras puesto que la población de raza blanca representa el 60,4% de la población y la negra tan solo un 12,3% del total. Sin embargo, al disgregar por raza el número total de crímenes violentos, se observa que 187.470 de ellos son cometidos por personas de color, mientras que 288.620 por personas de raza blanca. Analizando con detalle esos datos se ve claramente que la población de color comete este tipo de crímenes en mucha mayor proporción en relación a su población. De la información anterior, también se desprende que, dado que la población de raza blanca comete un 54% más de crímenes violentos que la población de color, parecería “razonable” que también sean víctimas en mayor proporción de la violencia policial, como efectivamente ocurre. Respecto, de la violencia interracial en términos generales, y de acuerdo al informe sobre crimen del Departamento de Justicia de EEUU del año 2018, en el 15,5% de los casos, las personas de raza blanca víctimas de asesinato tuvieron como su agresor a una persona de color, por el contrario, solo un 8% de las personas de color asesinadas, lo fueron por personas de raza blanca. Ahora bien, desde el punto de vista legal y el acceso en igualdad de oportunidades a educación y fuentes de trabajo, es por todos conocido la existencia, desde hace más de 50 años, de numerosa legislación, tal como las llamadas Affirmative Actions, que dan a la población de color y otras minorías acceso preferente al ámbito laboral y educacional.

La psicología clínica define al complejo de víctima como un rasgo de personalidad de aquellas personas que creen ser constantemente víctimas de las acciones de los demás, incluso cuando la evidencia demuestre lo contrario. Lamentablemente, amplios sectores de la sociedad, como ciertos medios de comunicación y partidos políticos de izquierda, fomentan de manera irresponsable este sentimiento entre la población de ciertos orígenes, a pesar que los datos lo desmientan. Como dijo Nelson Mandela “Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, venga de un hombre negro o un hombre blanco.” Por lo mismo, el ordenamiento jurídico y las fuerzas del orden no deberían velar por el bienestar de las víctimas de algún color en particular, blancos o negros, sino que deberían ser sencillamente ciegos.