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Sensatez y calma ante el coronavirus

Editorial El Deber 12/3/2020 03:00

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Finalmente ocurrió lo que tenía que ocurrir: la enfermedad del coronavirus o Covid-19 ha ingresado en Bolivia como ha ingresado incluso en los países mejor preparados y equipados médicamente del mundo. Global como es el virus, no respeta fronteras ni distingue países ricos ni pobres, está donde está la gente y contra eso no hay mucho por hacer.

Dos personas –da igual que sean mujeres u hombres, porque no es su condición de género la que importa en este caso- han contraído el mal probablemente en Italia, de donde llegaron a San Carlos y a Oruro, y ahora el país tendrá que enfrentar con la mayor prontitud y eficacia la propagación del virus.

Dos actores son los llamados a tomar acciones frente a esta emergencia: las autoridades nacionales, departamentales y locales, y la población.

Los primeros están convocados a tomar con firmeza todas las acciones necesarias para brindar un tratamiento adecuado, y siguiendo los protocolos, de las personas infectadas, a la vez de tomar medidas de aislamiento de personal médico y los entornos poblacionales potencialmente expuestos al contagio.

Siguiendo la experiencia de países de Europa donde el virus se propagó desde enero, las autoridades deben evaluar la necesidad de suspender actos deportivos, culturales, espectáculos y otros donde exista alta concentración de personas, porque es allí donde el virus tiene mayores posibilidades de pasar de una persona a otra.

Es necesario recordar que el periodo de incubación del coronavirus es de cinco días, lo que significa que solo después de cinco días del contagio pueden comenzar a manifestarse los primeros síntomas.

El segundo gran actor en esta alerta es la población: su contribución es de primera importancia en los cuidados personales para no contraer el virus. Consejos para evitar lugares de concentración de personas, aseo personal, lavado frecuente de manos y otros, son a estas alturas bastante conocidos por todos.

Una medida adicional que la población hará bien en adoptar es cortar el hábito del saludo con el apretón de manos. Lo están haciendo en otras partes del mundo y no por eso las personas consideran que se trata de una falta de cortesía o de respeto. Al contrario: dejar de dar la mano al familiar o amigo es una señal de mayor aprecio porque de esa forma se lo está protegiendo de un posible contagio, a la vez que uno mismo evita contraerlo.

Finalmente, es necesario que la población enfrente con calma lo que viene. No es necesario ser alarmistas ni intolerantes con las personas portadoras de la infección ni con los centros médicos donde se los trata. Si bien es natural la expectativa de los vecinos de no tener cerca suyo un centro de salud que reciba a los enfermos, es necesario comprender que para eso están los hospitales y clínicas, esa es su misión.

La tasa de mortalidad del coronavirus está entre 2 y 4 por ciento en China, según datos de la Organización Mundial de la Salud, pero fuera del país asiático se reduce al 0,7 por ciento. Ese dato debe ayudar a tranquilizar a la población sin dejar de estar moderadamente alerta.

Por todas esas consideraciones los ciudadanos deben mostrar responsabilidad, pero también madurez y calma. Manifestaciones como hacer largas filas en las farmacias para adquirir barbijos o alcohol solo contribuyen a generar una sensación de alarma que no suma.

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