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Sentencian a dos “changos” por un hecho que nunca pasó

Andrés Gómez 20/6/2021 05:00

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El 12 febrero de 2013, unos jóvenes coincidieron en la garita de la plaza de Pocoata (Potosí). Ahí bebieron alcohol. Era martes de carnaval. En un grupo estaba una muchacha de 14 años y 5 meses, sus primos y dos amigas. El otro estaba integrado por cuatro “changos”. La muchacha dijo a su amiga que esa noche no iba a llegar a su casa.

Los primos indicaron que se fueron de la plaza a eso de la medianoche. Se quedaron la muchacha, una amiga y los 4 “changos”. Más tarde se integró un joven más. A eso de las dos de la mañana, uno de los 5 amigos se ofreció acompañar a la muchacha a su casa porque es vecina. Pidió al joven que recién había llegado ir con él. Al trio se sumó la amiga de la muchacha.  

Los otros 3 chicos se quedaron en la plaza. A una cuadra reaparecieron los dos primos. Éstos y su amiga se llevaron a la muchacha que había anunciado que no iba a ir a su casa. El joven que acompañaba alertó: “ella vive arriba y no abajo”. Quiso evitarlo, pero fue golpeado. 

Entonces, los dos amigos se quedaron en una esquina. Cuando iban a volver a la plaza aparecieron por la calle 5 chicos.

— ¿Qué pasó?— preguntó uno de los 5.

—Unos changos se llevaron a la muchacha— respondió el golpeado.  

Los 5, más los 2 (siete), fueron a auxiliarla. En esa búsqueda, vieron a la amiga de la chica con uno de los primos. Éste para no hacerse identificar huyó.

—¿Dónde está tu amiga?—preguntaron a la chica.

—Por allá—señaló tranquila una dirección.

Entonces, los chicos dedujeron que la muchacha y su amiga estaban con sus parejas. Uno de los 5 fue a avisar al papá de la muchacha. Cuatro se fueron en una dirección y dos retornaron a la plaza, donde se reencontraron con los otros tres que habían permanecido ahí. Todo sucedió en un lapso de 20 minutos. Luego, los dos contaron a los tres lo que les pasó y fueron a dar una vuelta por la plaza.

Media hora después, el grupo de 5 se desintegró. Dos se recogieron a sus casas y tres (el chico golpeado y más los dos que se habían quedado en la plaza) fueron a ver qué había pasado con la muchacha. En ese trayecto, se encontraron con el papá y el amigo que había ido a alertarlo.

—Mirá lo que me pasó por cuidar a tu hija—reclamó uno de los tres amigos mostrando sus heridas. El papá reaccionó culpándolo y golpeándolo. El hermano del agredido respondió con un puñete al papá. Tras la gresca, todos se fueron a sus casas.

Media hora más tarde, la muchacha fue encontrada por unos vecinos a más de 500 metros de la plaza. Minutos después, la tía revisó en su casa a la muchacha y constató que estaba sana y sin heridas. Esta constatación fue vista por seis personas, la tía y dos testigos confirmaron en audiencia esta constatación.  

El 14 de febrero, la médico Herrera certificó:1) Muchacha sin ninguna herida; 2) “himen desflorado reciente, carúnculas visibles con presencia de semen en cavidad vaginal, se observa pequeña fisura en región posterior de introito vaginal. Acceso carnal consumado. Himen perforado”.

Tres días después, la madre fue a avisar a la Policía que su marido estaba castigando a su hija porque vio, en la casa, la pastilla del día después. El 21 de febrero, el padre denunció una supuesta violación. El policía que lo atendió dijo: 1) la muchacha no recordaba nada del supuesto suceso; 2) el padre acusó a los primos (sus sobrinos) y a otros. En suma, armó la historia. La Fiscalía aprehendió a los primos y al joven que había ido a avisar al padre. Luego, la muchacha acusó a 20 hombres; días después, a 10; finalmente, a 5.

Pese a que el certificado médico NO estableció violación y el estudio psicológico NO detectó trauma sexual, la fiscalía imputó y acusó a 5 y a otros de violación en estado de inconsciencia. Y el caso llegó a un juzgado de Uncía. Apenas comenzó el juicio oral, el fiscal renunció a sus pruebas porque no tenía ni una. La acusación particular presentó muestras de semen. 

La médico que revisó a la muchacha: NO fue violación

En una audiencia, la médico Herrera aseguró, acorde con su certificado, que NO FUE VIOLACIÓN (escucharon todos, entre ellos, yo. Además, está grabado). Ratificó que no tenía ni una herida. De este modo, confirmó la versión de la tía de la muchacha.

La experta forense Fernanda Monrroy hizo una metapericia del certificado y reconfirmó las versiones de la médico Herrera y la tía:

“Según certificado médico, la muchacha NO presentaba signos compatibles con violencia física en regiones extragenital o paragenital”.

      NO presentaba lesiones compatibles con lucha o defensa  en su cuerpo.

    En el certificado NO se describe el himen y NO existen signos positivos de desgarro reciente.

 NO existe la descripción de lesiones compatibles con relación sexual no consentida o violenta, de lo que se descarta la existencia de acceso carnal reciente.

Entonces, ¿cómo se explican las carúnculas, la pequeña fisura y el himen perforado que describe el certificado de la médico Herrera? La misma experta respondió:

   Según ciencia médica o médico forense NO existe el diagnóstico de himen perforado.

Las carúnculas son colgajos de tejido himenal resultantes de la cicatrización del himen desgarrado. Se encuentran en mujeres que han tenido actividad sexual antiguo con penetración.

Es decir, infiere la experta Monrroy, la muchacha “habría mantenido relaciones sexuales previas de por lo menos 10 días antes a la valoración realizada en fecha 14 de febrero de 2013”.

La acusación no es coherente con las pruebas científicas

En su acusación, la muchacha dijo que fue arrastrada de espaldas sobre piedras, que caminó descalza, que sufrió un golpe en su cabeza, que le metieron dedos en su vagina, que la violaron hasta dos o más veces sobre un lugar pedregoso, que la empujaron a un barranco, que le agarraron con fuerza de sus manos y sus piernas, que le taparon la boca, pero ¡no tenía ni una herida! ¡Ni una herida!

El psicólogo Tommy Salgueiro hizo la pericia de credibilidad y concluyó que la muchacha NO ES CREIBLE.

La prueba genética, realizada por el IDIF, no halló semen de nadie. El estudio anuló la declaración del padre que había dicho que en la toma de muestras vio “harto semen”. 

Las pruebas establecieron que NUNCA hubo violación. Sin embargo, los jueces Juan Nabel Colque Siles y Óscar Rubén Sandóval Escalier del Tribunal de Sentencia de Uncia, Potosí, condenaron hace un mes a los dos jóvenes que más odia el papá de la acusadora y absolvieron a tres.

Andrés Gómez Vela


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