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26 de agosto de 2017, 4:00 AM
26 de agosto de 2017, 4:00 AM

El avance de la democracia en nuestro país está más allá de cualquier consideración política, partido o Constitución. El avance de la democracia es el propio desarrollo de la humanidad y quien se opone a ella está actuando en contra de la humanidad y contra su misma supervivencia.

Oponerse a esto, en otros términos, es una actitud suicida, pero, lamentablemente, esta existe como resabio de una anticuada conducta de nuestra sociedad. Resulta penoso descubrir que por un mezquino espíritu de cuerpo se trate de arrastrar a una institución que tiene méritos históricos que nos enorgullecen a todos. 

La experiencia acumulada desdice la conducta con la que algunos reducidos grupos quieren involucrar a toda una institución. Así pasó en 1952, cuya experiencia no se debe repetir por el bien de toda sociedad, se habla de la revolución liderada por el MNR, y la destrucción del Ejército por las milicias obreras y campesinas. Menos mal que existe la suficiente ecuanimidad y el básico instinto de conservación en las propias Fuerzas Armadas para proteger su institución de las atávicas reacciones, que posiblemente obedezcan a lazos familiares y al ocultamiento de ilícitas acciones de pocos elementos. 

Estamos seguros, también, de que el buen criterio primará sobre la irreflexión de los menos. Ya son muchas las experiencias que nos han demostrado que es mil veces mejor una defectuosa democracia que una dictadura militar. Ya no es tiempo de esta, ni siquiera el actual presidente de EEUU se atrevería a apoyar tal dislate, producto de mentes desviadas. 

Por otra parte, no debemos ignorar que una actitud de esa naturaleza –esconder pruebas, destruirlas o negarlas para el esclarecimiento de algunos hechos– es un delito penado por ley y podría ser sujeta a una investigación de organismos internacionales, como la ONU y otros más. En última instancia podría perjudicar las acciones que se desarrollan internacionalmente por la reivindicación marítima de Bolivia, lo que podría calificarse como alta traición a la patria. Apelamos al sentido común de nuestros militares patriotas. 

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