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El gobierno boliviano cesó ayer a Mario Cronenbold de sus funciones de embajador extraordinario y plenipotenciario en Paraguay a raíz de una publicación de éste en la plataforma de entretenimiento TikTok, en la que se ve al político boliviano representando un video tendencia que fue considerado ofensivo en el país vecino.

El incidente, más allá de las consideraciones vergonzosas que implican para el exalcalde de Warnes y excandidato a la gobernación cruceña por el Movimiento Al Socialismo, desnuda sin reservas la decadencia del servicio exterior boliviano, politizado en extremo y convertido por los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce en “premios” a la lealtad partidaria, para exministros y excandidatos.

La Cancillería actual desconoce a los funcionarios de carrera, aquellos que dedicaron varios años de su vida a formarse profesionalmente como diplomáticos para trabajar en el servicio exterior, y prefiere nombrar a militantes del MAS sin importar si tienen o no conocimientos de diplomacia o si cuentan, al menos, con las condiciones básicas para ejercer la representación del Estado boliviano ante las naciones del mundo.

Todos los Estados del mundo, excepto Bolivia, nombran como embajadores a profesionales formados en la especialidad diplomática, y si hay algunos políticos, son muy pocos y, aun así, normalmente se trata de personas con cierto nivel de preparación, adecuada para cumplir la delicada misión de representar a un país.

En Bolivia existe una Ley del Servicio Exterior y del Escalafón Diplomático que no se cumple; la Cancillería está completamente desinstitucionalizada y el principio universal de que un diplomático representa a los intereses del Estado y no de un gobierno determinado, parece algo desconocido para las autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Las consecuencias de la extrema politización y la improvisación se observan en casos como el de Mario Cronenbold quien, sin ninguna formación diplomática, ni experiencia ni preparación para el cargo, duró apenas 24 días en su misión.

En este caso específico, Cronembold puso por delante el sentido lúdico de su presencia en Paraguay, y un gesto pueril para sumar acólitos o hacer reír a sus seguidores, lo llevó a cometer un acto ofensivo para la república paraguaya, tocando nada menos que un aspecto vital en la identidad de los pueblos, como es su lengua y el acento tan característico y distinto en cada país.

El incidente echa por tierra aquel viejo axioma que con frecuencia suelen repetir ciertos estrategas del marketing político, que creen que lo más importante es ser conocido y por tanto hay que tener un perfil público elevado, sin importar lo que tengas que hacer para conseguir ese objetivo.

Cronenbold cumplió estrictamente esa regla y ahí está, de retorno en Santa Cruz, sin haber tenido tiempo para hacer absolutamente nada en beneficio del país en las tres semanas que ocupó la misión diplomática en un país importante para Bolivia, por su vecindad, por los vínculos comerciales y por los lazos históricos que tienen nada menos que una guerra en su libro de acontecimientos comunes.

Si algo positivo podría el Gobierno sacar de este penoso incidente es reconsiderar su política diplomática para revisar los nombramientos y retomar la ruta institucional que priorice la presencia de funcionarios profesionales, que trabajen en las misiones para defender los intereses del Estado boliviano, y no del MAS.

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