Opinión

Si apenas pudiéramos discernir mejor…

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23 de julio de 2017, 4:00 AM
23 de julio de 2017, 4:00 AM

Muchos de los graves problemas que estamos enfrentando hoy en nuestra sociedad son resultados de la inacción de una mayoría resignada a ser rebaño, a la que parece serle más cómodo renunciar a su capacidad de discernimiento, antes que tomarse el trabajo de cernir cada información u orden que le llega desde diferentes flancos. Al negarse a usar esa capacidad, cierra una de las principales puertas al conocimiento a fondo de la realidad que la rodea. Por eso, cuando ocurren hechos escandalosos que terminan impactándola de manera negativa, no sabe cómo salir del asombro.

Dos hechos recientes me llevan a esa reflexión. Uno tiene que ver con el atraco frustrado a Eurochronos en la capital cruceña y toda la podredumbre descubierta tras el hecho. El otro está relacionado a la captura de Rómer Gutiérrez Quezada, activo militante del MAS, en un operativo antidrogas en Brasil. En ambos hay elementos en común, como el de los antecedentes oscuros de sus protagonistas y sus nexos con actores e instituciones del Estado y del poder político. Si solo nos hubiéramos dado el trabajo de mirar con atención cada eslabón que iba construyendo las cadenas de violencia y corrupción vistas en ambos hechos, el daño hubiera sido menor.

En otras palabras, faltó discernimiento. ¿Cómo es posible que fiscales y jueces hubieran actuado a favor de reos que en vez de estar presos, gozaban de libertad? ¿Cómo aceptar fallas garrafales en el operativo policial, aduciendo falta de medios, como si este fuera un problema nuevo y no añejo, irresuelto incluso tras siete “cumbres por la seguridad”? Y ni qué decir de la atropellada investigación policial y fiscal que se inició de inmediato.

Sigue faltando discernimiento también en el caso del ex asesor del MAS, preso con 100 kilos de droga en Brasil. No se trata solo de un tal Gutiérrez. Aquí hay un entramado que viene de larga data y vincula a la coca con la cocaína, a la disputa por territorio y poder, como ha señalado desde hace tiempo Carlos Valverde Bravo. ¿Cómo sorprenderse con el aumento de cocales excedentarios, con el auge del narcotráfico y sus nexos con el poder, si hace una década una mayoría de bolivianos eligió como presidente del país al máximo dirigente de cocaleros, cuya gran parte de su producción alimenta el narcotráfico? 

Como sociedad no estamos siendo capaces de separar la paja del trigo, de depurar lo que está sano de lo podrido, de discernir entre el bien y el mal. Por esto tanta sorpresa ante hechos que están cantados. Da para preguntarse con angustia y desazón, ¿hasta cuándo? 

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