Opinión

Sí, el mundo es plano

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20 de abril de 2020, 3:00 AM
20 de abril de 2020, 3:00 AM

Javier Medrano

No por despistado y mucho menos por supino vaya usted a poner cara de mohín y pensar que mi titular defiende la imposibilidad de la planitud frente a un globo terráqueo por todos conocido. Sólo le pido que en estos tiempos de Covid-19 y encierro voluntario/impuesto concertemos que todos hemos aprendido una hercúlea lección: el mundo no tiene volumen. Profundidad. Distancia. Longitud y lejanía.

Hemos asimilado a fuerza de combazos, ajenos y propios, y con, lamentablemente, miles de muertos, a manos de un microorganismo que el poder de la dependencia con los otros y el destino, suyo y mío, no es individual, es común. Hemos caído en testa, una vez más - cada tanto nos olvidamos y necesitamos de estos reveses para reaccionar-, que nuestras vidas son en extremo frágiles, delgadas, finas y profundamente indefensas.

Sí, el mundo es plano. Las distancias son una quimera. Un poema. En un solo apretón de manos. En un abrazo y beso. En un saludo de amistad. Simple e inocente. En una muestra de cariño metemos en nuestros pulmones un bicho asiático. Celebramos y luego morimos. Un pangolín servido a un chino indiferente, absorto, acostumbrado a comer en un mercado en medio de animales enjaulados, abigarrados y todos compartiendo sus orines su estiércol y con una simple brisa, un soplo mortal, todo ese retrete chino reposa en la mesa, en los platos y vasos de sus comensales en un mercado de Wuhan. Y, al día siguiente, a mil kilómetros de distancia un bebé, una abuela, un ejecutivo, un obrero, un padre muere por Covid-19.

Sí, el mundo es plano.  Es un lugar, como dijo un escritor, totalitario y totalizado al mismo tiempo. El miedo nos atrapa. Nos torna irracionales. Estúpidos. Discriminamos. Odiamos. Rechazamos. Hacemos daño a quiénes a punta de dedicación y vocación médica, a brazo partido, precisamente, para darle un revés a ese chino indiferente que a mil kilómetros de distancia nos juramentó a todos, nos salvan las vidas.

Sí, el mundo es plano. Crees. Piensas. Estas confiado que la muerte está lejos. Que la mortaja está al otro lado de la acera. Que el cuento del pangolín chino no es contigo. Que el periodista de la televisión, una vez más, es un fanfarrón que debe vender sus pobre noticiero. Ahí es cuando pierdes las formas. El centro. Tu conciencia de finitud. De ser limitado. Con fecha de caducidad.

Y te lanzas a la vida, abierto, feliz, ignorante, absurdo. En una franca felonía eres ese animal de Wuhan que comparte y bebes y comes orines y heces. Ahora te das cuenta. Ahora eres un chino comiendo un pangolín, indiferente, absurdo, contagiando la muerte a todos.

Sí, el mundo es plano. Nos hemos dado cuenta, una vez más, primero con la peste negra, luego con la gripe española y otras inmundicias propias y ajenas a nosotros, que somos simples seres pequeños que luchan por sobrevivir. Podrás tener murallas, distancias sociales, una mansión o no tener nada, la muerte es inmediata. Instantánea. No discrimina. No rehúye a títulos. A cuentas bancarias, a la pobreza.

Menos a poderosos. A tiranos escondidos en sus casas. Basta el escupitajo de ese chino en el suelo para que una brisa levante ese desagravio con la humanidad para que todos, nos apretemos temerosos en la intimidad, con la certeza de que nos llegó la hora y, ojalá, confesados.

Sí, el mundo es plano…Provecho…

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