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Si las elecciones fueran hoy

Oso Mier 1/3/2020 03:00

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Mi suegra piensa que, como van las cosas, si las elecciones fueran hoy día, mañana volvería el que sabemos. La luna no se ocultaría ni el sol dejaría de alumbrarnos, Oriente seguiría en la Liga, las telenovelas nos seguirían jorobando, pero estaríamos metidos bajo la cama, como cuando los niños se esconden por temor a que les den guasca. De ser así, Orinoca se volvería la tierra Santa y su ciudadano ilustre asumiría el poder de la venganza bajo la consigna “la venganza es chumuña” (chancaca), viejo dicho que quiere decir que, aparte del ojo por ojo, será preso por preso, juicio por juicio. No agarrarán por las guindas a bolivianos unidos, si no, nos las morderán hasta que sepamos lo que es canela.

Está ocurriendo lo que no pensábamos que ocurriría. La historia la está escribiendo una gorda borracha llamada Obcecación y su prima hermana la Ambición. Entre ellas está corroyendo la oposición que no es una reina, pero donde reina el despipe más decepcionante que tiene el pobre y siempre firme electorado boliviano. No está la Consecuencia, menos la Decencia, que fue reemplazada por la Codicia, esa chichi que le dio un empujón a la Ética. Esas son las diosas que imperan hoy en el firmamento de nuestras diosas para escribir una olímpica huevada. Hay un candidato que es el que más preferencia tiene es un tal Nosabe Noresponde, coreano no es, pero podría ser el talibán que nos haga flecos.

Otra diosa con mayúscula que juega en el Olimpo de lo imposible es la Chacota, que ilumina o mejor ensombrece a algunos partidos políticos que nada proponen, impostores que a falta de cacumen (No sé qué quiere decir esa palabra, pero me la dicta mi suegra) se copian planes de otros países, logreros que inscriben a ciudadanos desconocidos que, por falta de papeles, terminan depurados, demostrando que la improvisación es la auspiciadora, es una verdadera chacota que nos hace perder el tiempo y la paciencia. La diosa Sensatez hace puñetes con sus pies porque no acepta que tanta falta de respeto e ignorancia esté jugando otra vez, con los intereses de un pueblo valeroso que hizo historia con pititas y que, con flecos mezquinos, nos deshilachen el mañana.

Evoquemos a Dios para que nos dé una manito, pero no lo pongamos en nuestras listas. Respetemos en su trono de poderoso, como candidato de todos a la hora de bendecirnos, pero sin bandera de nadie. Si las elecciones fueran este domingo, me metería bajo mi cama y no fuera a votar porque estoy más confundido que Testigo de Jehová en casa sin timbre y más avergonzado que doncella del siglo XVIII que perdió su virginidad.

 

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