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Siete razones para repensar el proyecto político cruceño

José Orlando Peralta B 28/12/2019 03:00

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Los veintiún días de paro fueron necesarios para tener una mejor perspectiva sobre la nueva dirección política generada por la sucesión de coyunturas desarrolladas entre los años 2016 y 2019 y Santa Cruz como su activador principal. Aquí planteo siete razones para sustentar la idea de que el departamento está políticamente maduro como para proponer un proyecto de poder con irradiación nacional-popular en toda Bolivia.

Primera: el agotamiento del ciclo político del proceso de cambio implica la emergencia simultánea de una disponibilidad ideológica colectiva a la espera de un nuevo relato ideológico-filosófico-político que enamore con la propuesta de otro horizonte de sociedad. 

Segunda: su modelo de desarrollo que tiene como factores constitutivos sus recursos humanos, la calidad e impacto de su institucionalidad y capacidad de gerenciar, y el tipo de producción de bienes y servicios que genera. 

Tercera: un polo de migración que ha permitido el desarrollo de una diversidad cultural, producción material y pluralismo en la representación política. 

Cuarta: las plataformas ciudadanas fueron el caldo de cultivo para generar un nuevo pensamiento político a partir de su propósito de limitar los usos y abusos de quienes ejercen el poder. 

Quinta: la fuerza social y lógica política de los cabildos -desde el primero del siglo XXI en las puertas de la UAGRM en el año 2003 hasta el más reciente en noviembre pasado- develaron la gestación de una nueva conciencia política intergeneracional. 

Sexta: el relato de la unidad que anidó en los cabildos cruceños (2019) ha sepultado el relato tóxico masista del separatismo, y se ha demostrado que entre oriente y occidente los puentes sobran. Séptima: la politización de la clase media urbana cruceña deviene de su necesidad de fortalecer las virtudes del Estado Republicano para desenvolver su espíritu liberal y moderno.

La confluencia de estas razones -y otras- le otorgan mucho potencial al proyecto político cruceño, pero ello dependerá de que un líder -no un caudillo- y una estructura partidaria organizada, desarrollen una actividad continuada para influir en las tendencias profundas de la política boliviana y provocar las transformaciones demandadas por la gente.

El legado del proceso de cambio fue la conquista de los derechos sociales que favoreció a sectores indígenas y populares mediante un proceso de igualdad material. 

Hoy es el tiempo de la consolidación de los derechos políticos, cuando los ciudadanos creen que la igualdad política, alternancia en el ejercicio del poder, respeto de las reglas de juego previamente pactadas y autonomía de gestión de las instituciones públicas, hará sentir que su participación política es efectiva. En síntesis, es la apuesta por el equilibrio estable entre democracia política y democracia social.

¿Quienes dudan de que la viabilidad histórica-política del proyecto político cruceño es ahora?