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Muchos países del mundo han tomado tempranas previsiones para la aplicación de la vacuna contra el Covid-19 y ya solo esperan que el inyectable llegue para ejecutar los minuciosos protocolos en los primeros grupos humanos que la recibirán. Bolivia aun no sabe qué vacuna utilizará.

El ministro de Salud, Edgar Pozo, adelantó que el país recibirá tres millones de dosis en el marco del programa Covax al que está adscrito la mayoría de los países del continente y su aplicación será gratuita. 

Hasta ahí no hay nada nuevo, porque desde hace varios meses se sabía que Bolivia utilizará alguna vacuna del programa Covax, y a estas alturas ya tendría que haber elaborado el plan de aplicación, como lo han hecho otros países: identificar a los grupos de riesgo que recibirán la vacuna (se entiende que será inicialmente para 1,5 millones de personas), elegir los establecimientos de salud donde se la administrará y varios otros detalles que los países más organizados ya han informado.

No es cosa de ponerse nerviosos, sino de demostrar que hay un plan, que el tema merece la preocupación de las autoridades, mucho más en momentos en que ha comenzado a producirse una nueva escalada de casos en Santa Cruz y se teme la llegada de una segunda ola en todo el país debido a la flexibilización de las medidas de restricción y la indisciplina de la gente que no toma cuidado de no hacer aglomeraciones y que no utiliza el barbijo.

Un fenómeno nuevo y llamativo en este sentido es que muchas personas, principalmente los más jóvenes, hacen fiestas de tal manera como si mañana se fuera a acabar la vida, cosa que probablemente no ocurrirá con ellos, pero sí con sus familiares mayores más expuestos a correr riesgo de muerte si contraen el virus que esos jóvenes llevarán a sus hogares para contagiar a padres y abuelos sin siquiera saberlo.

Con el argumento de que ‘están cansados’ de la pandemia y sus prohibiciones, muchos se han dado al afán de reunirse, compartir bebidas alcohólicas, y con los ‘drinks’ llegan los abrazos, los vasos compartidos, las cercanías y un generalizado quemeimportismo con las medidas de bioseguridad.

Ni los bloqueos de agosto, ni las campañas de septiembre, ni la elección de octubre recientes lograron que los casos positivos se eleven como ocurrió en noviembre y ahora diciembre; no hace falta ser científico especialista en virología para saber que lo único nuevo de las últimas semanas que está alentando el rebrote es la intensa vida social en domicilios particulares, restaurantes y boliches que con la extensión del horario de circulación por las noches tiene ahora vía libre. 

A eso se suma el contrasentido del decreto 4404 del Gobierno nacional que de espaldas a la realidad de casos positivos que cada día aumenta y dispone flexibilizar prácticamente todas las medidas alentando así al mayor descuido frente a la pandemia.

Decreto, además, en contraflecha del preocupando panorama europeo con el virus, como el caso alemán, donde por día mueren 600 personas, con 21.000 casos positivos cada 24 horas, muy por encima de los 6.000 casos que se contabilizaban durante los primeros meses tras la aparición del virus surgido en Wuhan, China. 

En el otro extremo están las alarmistas expresiones del senador Leonardo Loza del Movimiento al Socialismo, que llamó este viernes a ‘prepararse para lo peor… preparar psicológicamente al pueblo boliviano para que resista esta enfermedad’. Si solo se tratara de estar listos psicológicamente quizá vendrían bien unos libros de autoayuda, coincidiría Loza, que se estrena ahora como un experto en virología.

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