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Le vendieron al país la idea de que el 1 de abril se iniciaría la vacunación masiva de ciudadanos comenzando con las personas mayores de 60 años; incluso diseñaron un cronograma de vacunaciones por rango de edad: abril para los que tienen más de 60 años, mayo para los que tienen entre 50 y 60, junio para los que van de 40 a 50 y hasta le sacaron provecho electoral al papel, pero en los hechos, la ‘vacunación masiva’ resultó un bulo, un fiasco de grandes proporciones.

No solo que no comenzó la vacunación masiva, sino que llevaron a miles de personas de la tercera edad a madrugar, a hacer largas colas y permanecer varias horas de pie para que más tarde les digan que no hay vacunas, y que nadie sabe cuándo tendrán que volver.

En los registros del Instituto Nacional de Estadística (INE) hay 1,2 millones de personas mayores de 60 años. Para cumplir con el cronograma de vacunación del Gobierno, se precisaban 2,4 millones de dosis para este grupo de personas. Sin embargo, y solo como referencia, en Santa Cruz el Servicio Departamental de Salud (Sedes) cuenta solo con 1.400 dosis disponibles; el resto de las dosis almacenadas están reservadas como segunda aplicación para personal de salud.

En La Paz, las autoridades de salud disponen de solo 10.000 vacunas para vacunar en principio a la población mayor de 80 y 70 años.

Ante los reclamos de los Sedes departamentales, el Ministerio de Salud responde que hay vacunas en las regiones y que son los Sedes los que están demorando en la aplicación de la inmunización.

Lejos de las discusiones estériles entre autoridades nacionales y departamentales, quienes miran a uno y otro lado y no entienden qué es lo que está ocurriendo son las personas de la tercera edad. Ellos se informaron por la abundante publicidad gubernamental en la televisión del cronograma y ni siquiera tuvieron el detalle de darles explicaciones razonables para que salgan de su estupor desde las inútiles colas que forman cada madrugada en las afueras de los centros de salud.

El presidente Luis Arce ha responsabilizado de la escasez de vacunas a los ‘países ricos’, que en su opinión están acaparando la compra del inyectable dejando a los ‘países pobres’ sin acceso al inmunizante.

Y mientras la espera se hace más larga de lo previsto, en las ciudades tampoco se cuenta ahora con pruebas de antígeno nasal, que servían como un mecanismo de prevención al permitir una detección temprana de contagios. Las únicas disponibles son las denominadas pruebas rápidas, las mismas que no tienen un grado de certeza confiable en la detección de la condición de positividad del virus.

Mucho discurso, mucho proselitismo electoral con la vacuna, mucho chantaje de entregar vacunas a regiones donde la gente vote por los candidatos del Movimiento al Socialismo, mucha promesa demagógica y en contraste poco cumplimiento de compromisos. Así se puede resumir el momento que está viviendo el país, cuando ni siquiera se ha determinado oficialmente la presencia de la cepa amazónica del virus y se tienen solo indicios de los primeros casos con ese probable origen.

Todo indica que el ataque masivo de otra ola es solo cuestión de días: prácticamente todos los vecinos de Bolivia están viviendo una nueva larga noche del virus: Brasil acaba de romper su propio récord con más de 4.000 muertos por día; Chile, pese a ser el país más avanzado de América en la vacunación, ha cerrado fronteras por un mes por el aumento de contagios; Argentina ha prohibido la circulación entre la medianoche y las 6 de la mañana, con cierre de bares y restaurantes a las 23:00, y alista para el 9 de abril el anuncio de nuevas medidas que serán comunicadas por el propio presidente Alberto Fernández desde el confinamiento que cumple por haber dado positivo al coronavirus.

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