Escucha esta nota aquí

Si cuatrocientos contagios en cuatro días no eran suficiente para generar angustia entre los habitantes de Santa Cruz, el aislamiento del director departamental de salud y de cinco funcionarios del Sedes, sumado a la advertencia de que el sistema sanitario está por colapsar en este departamento, han sido una combinación inquietante, porque los casos siguen en ascenso y crece la incertidumbre acerca de los recursos con que se cuenta para enfrentar la pandemia. Este momento demanda un sinceramiento y que la realidad nacional y local sean desnudadas para la población.

Hasta anoche, se cuentan en 50 las personas fallecidas. Si bien no se conocen las circunstancias particulares, se sabe que la mayoría murió porque no podía respirar y por eso necesitaban asistencia externa. El problema es que se van agotando las unidades de terapia intensiva y, por consiguiente, los respiradores. Los esfuerzos de las autoridades departamentales y municipales de salud se van haciendo insuficientes.

Si bien hay que criticar la indisciplina de mucha gente que no respeta la cuarentena y que contribuye a la propagación del Covid-19, es preciso saber qué está pasando realmente con los recursos que se necesitan para enfrentar la pandemia. Ya han pasado varias semanas en las que se promete la llegada de reactivos y de respiradores (125 para Santa Cruz) y la oferta no se concreta.

Es por eso que el doctor Óscar Urenda, dejando cualquier protocolo político, fue honesto y dijo que eso debe llegar, no en una semana, sino ya mismo. La fuerza de esas palabras logró un efecto a medias, porque ayer aprobaron la dotación de 154 contratos para personal de salud, pero se necesitan 800. ¿Por qué la presidenta entregó ítems en otros departamentos con menos población y con menos incidencia de este mal mundial? No se logra entender que ni el anterior gobierno ni éste comprendan que a Santa Cruz se vienen los migrantes de provincias, de otros departamentos y hasta de otros países. Que no es comparable la realidad cruceña a la de cualquier otra región del país por la misma dinámica que posee y que atrae tanto a miles de familias, que la atención es urgente y debería ser obligatoria.

Los nuevos contratos no alcanzan y generan otro tipo de malestar. Hay enfermeras, auxiliares, personal de limpieza que no están recibiendo bonos y que tienen mucha incertidumbre; no obstante, están en la primera línea de lucha contra el coronavirus y se debe atender su pedido clamoroso.
Otro factor que inquieta en este departamento es el de las pruebas. No existen informes oficiales, pero hay testimonios de que las pruebas están demorando y también se conoció que a fines de la semana pasada se acabaron los reactivos. ¿Y los que se prometió que iban a llegar, por qué no llegan aún? ¿Por qué no se habilitan nuevos laboratorios, en lugar de saturar el del Cenetrop? Resolver esas situaciones demanda máxima urgencia. Insistimos, los casos aumentan casi descontrolados.

Las necesidades son muchas y cada día van en aumento. También es real que somos un país pobre y vulnerable, pero es necesario decir la verdad y no hacer promesas que pretenden trasladar el problema hacia adelante.
Hoy se sabrá qué municipios ingresan en cuarentenas flexibles. No podemos avanzar a esa situación a ciegas. La información es muy valiosa aún para que la ciudadanía tome conciencia y se cuide más de lo que ha hecho hasta ahora.