Opinión

¿Síndrome de Estocolmo en Bolivia?

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26 de febrero de 2020, 3:00 AM
26 de febrero de 2020, 3:00 AM

Cesar Mauricio Larraín

El conocido síndrome de Estocolmo, dado ese nombre por su aparición en Suecia en 1973, en esa ciudad, acuñado por Nils Bejerot, es un estado sicológico en el que la víctima de secuestro desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. Se forma un vínculo entre rehén y secuestrador, a tal punto de evadir a la misma Policía.

Paradójicamente ocurre entre algunos bolivianos, mismos que siguen aferrándose al que secuestró la democracia por un cierto tiempo, al que ocultó a los culpables del caso Fondo Indígena y extorsionó a diestra y siniestra con sus tentáculos políticos y económicos a muchos que pensaban diferente a ellos.

Los rehenes siguen amando a su secuestrador político, y por si fuera poco, es el mismo que supuestamente quería dejarlos sin comer a punta de órdenes vía celular.

Quizás, todo esto tiene una explicación; los opositores y otros actores que no debían ni meter cuchara en la sopa, lo hicieron; y ayudaron a que este vínculo de amor ciego sea más creciente, según las últimas encuestas publicadas.

Falta de unidad, sí; pero hay otro factor clave: la economía, la creciente informalidad en el país, etc.

Claro está, el paro cívico, el trastorno por bloqueos y saqueos, más la salida del anterior Gobierno, afectaron el movimiento económico. Para las personas de a pie es latente, el tema de charla es la economía y ya no está de moda la democracia, el anterior Gobierno se encargó de invadir nuestras mentes con el tema económico, por encima de todo, entre ellos tus derechos y pensamientos.

Vale decir, que la población boliviana está esperando propuestas económicas de los candidatos opositores, del MAS no lo esperan, porque saben cómo actuó en estos 14 años, mismos bonos, canchas por aquí y por allá, hospitales sin médicos, ni ítems, títulos agrarios a sus partidarios, funcionarios públicos inscritos en el partido, más deuda pública, dinero proveniente del mercado negro, etc.

Lo que quiero decir es que: ¿cómo tú opositor vas a lograr convencer a la gente que está secuestrada mentalmente? Obviamente existirán algunos que seguirán con el secuestrador hasta la muerte.

Pero a todo esto, seguirás:¿uniendo o desuniendo? ¿Con propuestas? ¿Y, dónde están? Si no lo harás, entonces hagamos algunas preguntas, ¿quiénes ganaron y perdieron? ¿Fué en vano todo? ¿Volveremos al punto inicial? Si es así, entonces ¿la transición de qué sirvió? ¿La rotonda con la pitita y punto de bloqueo que se hizo, dónde lo valorarán?, el ‘quién se cansa y quién se rinde’ ¿dónde se fue? Es necesaria la unión.

Si no, serían cómplices los opositores, por no saber valorar estos hechos y estudiar el panorama completo. En resumen también amarían al secuestrador.

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